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miércoles, 25 de febrero de 2026

P A S A J E S


001 ESPUMA BLANCA
002 OJOS COLOR MIEL
003 LOS NICOLLE
004 CUATRO LIBROS
005 LA EDUCACIÓN Y EL ARTE
006 CICLÓN
007 CAMPO ABIERTO
008 EL MÉDICO
009 CUCHI CORRAL
010 HECHIZOS

011 CALAS, DALIAS Y GLADIOLOS
012 AL ALBA 
013 EL REENCUENTRO
014 HONDAS Y TROMPOS
015 ALGARROBOS Y CHAÑARES
016 MI ABUELA
017 GALLINAS
018 EL CEMENTERIO
019 EL VIAJE
020 MI PADRE

021 LA BOCA 
022 LA VILLA 
023 IPANEMA
024 LA LAGUNA DE IPACARÍ
025 GUAYABERAS
026 PIÑAS HELADAS 
027 HAMACA PARAGUAYA  
028 DEBIÓ SER MI MADRE 
029 AGNÓSTICA
030 CAFÉ CONCERT 

031 FARMACIA CÓNDOR
032 UNA ROTONDA
033 MI BARRIO
034 LOS VERANOS ERAN LARGOS
035 MI ESCUELA
036 PALOMITAS
037 LA ARBOLEDA
038 MAGISTERIO
039 1977
040 UNA TAZA MÁS

041 BELLAS ARTES
042 PROFESORA DE ARTE
043 LOS MURALISTAS MEXICANOS
044 CIERTA NOSTALGIA
045 PEDAGOGÍA
046 EN DOS VIAJES SUCESIVOS
047 ALGUNOS PROFESORES
048 DECIDÍ TERMINAR
049 MAESRTRO DE ESCULTURA
050 POR FIN

051 EN JULIO DE 1989
052 FRIGILIANA
053 COSTA BRAVA
054 DICIEMBRE DE 1974
055 CAMPING
056 JULIO DE 1972
057 PRIMERAS LUCES DE LA MAÑANA
058 LA HORA DE PARTIR
059 TIEMPOS NUEVOS
060 CALLE LIBERTAD

061 UN CIELO DE GAVIOTAS
062 VACIADOS
063 LLOVÍA A CÁNTAROS
064 TIEMPO DE CAMBIO
065 COLEGIADA EN BELLAS ARTES
066 LA LENGUA MATERNA
067 EL VERDE
068 PEUGEOT 504
069 PANNINI PICCOLO
070 MI SUEGRO

071 VIAJE CON EMILIA A NORUEGA
072 OSLO
073 BERGEN
074 MENORCA
075 CALA GALDANA
076 CUARENTA HOJAS
077 ALPUJARRAS
078 PAMPANEIRA
079 SEVILLA
080 EL COLOR DE LA BANDERA

081 CARNAVAL
082 NO SE RECUERDA LO QUE NO SE CONOCE
083 IRÉ A CUBA CONTIGO
084 SENTADOS EN EL PATIO
085 CABRITO ASADO
086 MIS TÍOS
087 UNA MOTO
088 RENAULT 4
089 RAMONA
090 MI AMIGA

091 AGUA CLARA
092 SAN MATEO
093 PLAZA COLÓN
094 VIOLETA
095 ENCUENTROS
096 UNA FOTO
097 MEDIALUNAS
098 UNA NIÑA PRECIOSA
099 CUESTA BLANCA
100 LA BODA EN GOTEMBURGO

lunes, 11 de julio de 2022

UNA FOTO



Una de las fotos familiares que más quiero es la que retrata a los dos hermanos de mi madre, mi tío Augusto y mi tío Yofre. Mi hijo Antonio la presentó como pieza de arte en su galería LAPIEZA, en la calle de la Palma en Madrid, junto a un hornero de barro que traje sobre mis rodillas desde argentina. 12 horas de viaje, en una caja de cartón que preparó con mimo y sonrisas mi hermana la Berta, enamorada siempre de todo lo vinculado al campo y de quien hablaré largo y seguro que muy emocionada en otro texto. Esta foto que los muestra delante de una casa de campo, que yo desconozco, pero que intuyo que fue donde volvió a vivir mi tío después de separarse de nuestra querida tía Lucía, a quien queríamos todos pero que según lo que nos relató mi madre, la dejó de querer, al enamorarse de otra señora en sus viajes sucesivos al campo. Como dice Cortázar cuando ya no te quieren lo sabrás, aunque no te lo digan. Lo sentirás desde lo más profundo, porque la indiferencia jamás pasa desapercibida. Así lo relató mi madre que nunca dejó de visitar a mi tía lucía y a sus tres hijos. Lita, Pocho y Cholito. Pero como decía ella, mi hermano del alma es Augusto y le pidió a todos que le cuidaran y lo apoyaran en ese destierro voluntario por amor que lo hizo abandonar su casa, su ciudad y todo lo que había cultivado hasta ese momento.

Mi madre  que adoraba a sus hermanos le encargó especialmente al tío Yofre que fuera a visitarlo, que le sacara una foto y que le hiciera saber que ninguno de los hermanos lo juzgaba, había quien estaba más o menos de acuerdo pero que él seguía ocupando el mismo lugar de siempre sobre todo en nuestra casa y en el corazón de mi madre. Así fue como nuestro tío volvió a  tomar el vermouth junto a mi madre y su otro hermano en el patio de la casa de mis padres. Eran tan distintos y tan iguales en la forma de expresar la afectividad, muy Nicolle, efusivos, cariñosos, sensibles y cuando se emocionaban, lloraban. Augusto, gordito, bonachón, no muy alto, pelirrojo como mi madre, muy colorado, sobre todo cuando reían con mi madre contando bromas y después de haberse tomado un par de martinis secos con soda y limón en medio de las suculentas picadas que les servía mi madre cuando estaban juntos. A la hora indicada del vermouth, las 12 del mediodía, tenía  unos pequeños ojos verdes, expresivos y vivaces. Vestía con cierto desaliño, venía del campo directo a ver a mi madre antes de ir a su casa y traía la tierra de esos caminos del norte, mi madre le esperaba a que se aseara en el baño de casa, y le ofrecía peine y colonia. Le gustaba que cuando llegara a ver a Lucía; estuviera presentable y perfumado. Para mi madre era su hermano preferido y se lo hacía saber. El tío Yofre, espigado, muy delgado y alt, pequeños ojos muy azules, tenía una nuez pronunciada en el cuello. Siempre llegó con traje a casa. Yo lo recuerdo con un traje de poplin azul, camisa blanca y corbata oscura. Gran fumador, su pitillo no se caía de su boca. Con uno encendía el siguiente, dicharachero y gran narrador. Mi padre se sentaba a escuchar sus historias camperas, era una de las pocas personas a la que podía escuchar horas. Compartía con él algunas aficiones que concretaba  cuando bajaba de su campo, donde vivió toda su vida junto a su mujer, ema y sus siete hijos, sí cuando bajaba del campo a la ciudad, córdoba y paraba unos días en casa. Mi padre sacaba entradas para ir al hipódromo a ver las carreras de caballos y hacer las apuestas de rigor- el día que llegaba ya le miraba a mi padre con cierta complicidad y le decía: Baudilio, este domingo vamos a las carreras de  burros y mi padre, complaciente con él, como con pocos, sacaba las entradas y se pasaban una tarde de burros que los devolvía al campo, su campo, a los caballos. Esas pequeñas aficiones compartidas del origen con lo que se demostraban mutuamente el cariño.


https://lapiezalapieza.blogspot.com/2011/09/memoria-1.html

jueves, 10 de septiembre de 2020

LLLL


miércoles, 17 de junio de 2020

LA ESPECIFICIDAD




Recordar el barrio donde transcurrió mi infancia me permite dibujar  una perspectiva clara hacia adelante, situar las calles arboladas, los lugares donde comprábamos todo lo que necesitábamos, no existían los supermercados donde los diversos géneros se exponen superpuestos, los jabones con los botones, los helados con las latas de conservas,los boquerones en vinagre tienen el mismo valor en la disposición en las estanterías que unas gaseosas o unas horquillas para el pelo o unas gafas de sol. Entonces, la especificidad tenía una importancia fundamental para la planificación y la organización de las horas del día. La lechería de don curelo, nos ofrecía además de la leche, los panes , criollitos, francés, pan flauta, negro, y todas las delicias que comíamos por la tarde después de la siesta, los cañoncitos de pastelera y de dulce leche, las milhojas, las chipacas y las palmeras hojaldradas., aquí comprábamos también las velas para las tortas de los cumpleaños, con los enanitos y la blancanieves para decorarlas. 


Estos negocios se ubicaban en la calle más transitada del barrio, la avenida juan b. Justo, ruta obligada para viajar al norte del país. Una calle comercial donde encontrábamos de todo. Mi madre nos llevaba a la zapatería "belgrano", en la misma calle juan b. Justo,  a todos, antes de comenzar las clases en el mes de marzo a probarnos los zapatos escolares, unos gomicuer que nos duraban prácticamente el año lectivo de comienzo hasta el final. Compraba las zapatillas pampero blancas para hacer gimnasia, reglamentarias y que solíamos blanquear con tiza humedecida y para el verano, las zapatillas boyero de lona de colores y sin cordones, frescas y de cambio rápido. Además de los zapatos festivos para cumpleaños, bodas y fechas especiales. Justo en frente estaba la "mercería tienda"" santa teresita". Que la atendía abraham, había llegado al barrio desde algún lugar y nosotros, entre los hermanos decíamos que de ¨constantinopla", cuando hacíamos algún juego y lo poníamos de referente. En esta tienda podíamos comprar de todo lo que se refería al mundo de la costura. Mi madre con  cinco hijos , más mis tías y mi abuela que se sumaban al grupo, comprábamos  mucho y muy variado, botones, puntillas, telas, hilos, lanas, telas para miriñaques, calcetines, flores para decorar solapas, pañuelos y un largo etcétera de pasamanerías propias de una casa donde la costura era el universo, abraham, excelente vendedor solía obsequiarnos a los niños con algún ramillete de jazmines de tela o algunos galones dorados dependiendo de las modas. 

Éramos muy buenos clientes y había que cuidarlos. Un poco más abajo, la heladería "la sanjuanina", un lugar muy grande, así lo recuerdo, techos muy altos y unos ventiladores de techo circulando todo el tiempo, umbrío y fresco, y unas neveras largas con tapas metálicas herméticas para mantener el frío, que cuando se abrían, destapaban aquellos recipientes cilíndricos con todos los sabores que se llevaban entonces, que no eran muchos; chocolate, vainilla, fresa, limón , pistacho y ya creo que no había más, los cucuruchos de barquillo no existían entonces, eran tarrinas del mismo pan con el que se fabricaban las hostias y que mi madre solía decirnos que las fabricaban las monjas de la congregación del huerto, que tenían su convento-colegio,  justo en frente de la heladería, por cierto mi hermana martha venía a las hermanas del huerto a  tomar clases de piano. El premio en verano, después de la recorrida de recados era comprarnos cada uno una tarrina con el sabor preferido.  

En invierno, se cerraba el negocio, las anginas eran frecuentes y los médicos no recomendaban tomar helados , pero la contradicción venía cuando te operaban de las amígdalas y te recetaban helados, eso, yo no lo entendía. El heladero que venía con su carrito a la puerta del colegio, lo hacía a partir del mes de noviembre, era entonces cuando la alegría por la proximidad de las vacaciones y del verano, nos embargaba. Estaba la farmacia alsion,  y la samamé; un poco más retirada pero donde éramos más asiduos por la cercanía con sus dueños, cuando regresábamos de la farmacia samamé donde nos mandaban a comprar las recetas que el médico de cabecera , el doctor matusevich, prescribía, solíamos quedarnos un rato, contemplando a través de la ventana, siempre abierta, amplia y a pie de calle, al profesor scieppaquercia, profesor de dibujo en el colegio y afamado pintor de escenas portuarias, barcos con redes y pescadores, el fuerte olor al óleo y la trementina, todavía me trae recuerdos de ese viejo profesor, otro de los habitantes del barrio. El polaco gurvich, mimbrero de profesión, vivía al lado del pintor y era el que siempre le construyó a mi padre, todos los canastos, pequeñas maletas de mimbre con estructuras de madera donde mi padre transportaba todo lo necesario en sus viajes al campo. No puedo dejar de mencionar a las dos modistas, que nos cosieron desde abrigos (tapados), sacones, de invierno trajes de todo tipo, invierno y verano, en aquéllas épocas donde las modistas lo confeccionaban todo. "nuncia!, era de alta costura, robusta, de voz gruesa y una picardía e inteligencia natural, dignas de reseñar, siempre nos abría la puerta con la cinta métrica colgada del cuello y los alfileres incrustados en las solapas  del delantal. Tardaba su tiempo en entregarte la prenda pero la maestría con la que cortaba y confeccionaba era impecable- "mercedes" era una modista más sencilla en el trato y con igual eficiencia en la resolución del encargo. Las visitas a las modistas después del colegio, por la tarde noche eran frecuentes.  

Mi padre llevaba a mi hermano pablo, al sastre, la especialidad hombres, estaba en manos de hombres, curiosidades que el tiempo hizo evolucionar hacia la unificación de criterios y de perfiles.

domingo, 14 de junio de 2020

LAS LORAS


De pequeños, nos dejaban tener en casa solo animales alados,  tuvimos las típicas loras santiagueñas, verdes, y muy parlanchinas, les enseñábamos a hablar ,  la que llegó más lejos en el intento de dialogar con ellas fue mi abuela raquel, acostumbrada en el campo a  compartir momentos de soledad, dando de comer a cuanto pajarito se posara en su regazo. Así lo vivíamos nosotros, nos alegraba saberla tan dúctil, sabia y tan cercana a ese mundo de trinos y de plumas que a nosotros nos fascinaba. En otro de nuestros viajes, volvimos a casa con un par de loras australianas, que vivieron muchos años  disfrutando de los damascos que les poníamos en sus recipientes de comer, les gustaban esos sabores. Una vez llegamos con una jaula con dos pájaros azules, trinaban cada mañana, yo los imitaba y llegué a interpretar sus trinos con bastante similitud. Una pareja de teros, caminaron por el patio, siempre buscando los charcos de agua que quedaban entre las baldosas  y las macetas después de regar las plantas. Trajimos un par de  palomitas de la virgen, así las llaman en el norte, quizás  porque sus arrullos se asemejaba  a esas murmuraciones bajas que se escuchan cuando las señoras en el campo, rezan el rosario. Siempre hubo pájaros , en el patio de mi casa familiar, algunos volaban o caminaban libremente entre   nuestros pies,  cuando merendábamos o hacíamos los deberes sentados en los sillones de madera, esos sillones  que mi padre nos hacía pintar  cada verano, era una manera divertida de tenernos entretenidos en los largos veranos. Eso sí, la condición era que cada año, uno de nosotros elegía el color, así mutaban de verano en verano, unas veces blancos, otras amarillo o azul pastel, hasta llegamos a darle el color naranja que era mi favorito cuando tenía alrededor de los ocho años. Mi padre había hecho incustrar un encerado grande, en una de las paredes del patio, creo que lo estucaron  al mismo tiempo que construyeron la casa. Así fue como yo aprendí las primeras letras que mis hermanos me ensañaron, sobre nuestro pizarrón familiar. Yo era siempre la alumna y ellos por supuesto, los maestros y profesores, fue el papel que me correspondió, al ser la menor de cinco hermanos. Recuerdo haber jugado mucho con mi hermano pablo, dos años mayor que yo , al ahorcado, ese juego tan universal y que te obliga a pensar en palabras cada vez más complicadas o con mayor número de letras como para impresionar a tu adversario. Siestas largas y calurosas dibujando con tizas de colores , paisajes o retratos que sólo podía borrar la lluvia, cuando estaban bien logrados los trazos y estaba prohibido entre nosotros , usar el borrador para eliminar tan significativa obra de arte. Pasada la siesta de juegos y dibujos, y cuando mis padres se levantaban de la siesta, llegaba la hora esperada, el momento en que mi madre sacaba de la nevera una inmensa sandía que cortaba con rigor milimétrico para que no hubiera discusiones sobre la equidad en los trozos. Estas sandías las comprábamos por la mañana a los famosos sandieros que traían en carros tirados por caballos, montañas de sandías "caladas y coloradas" como voceaban  sus  dueños y recolectores y que significaba que antes de comprarlas, él debía  darte a probar una raja de tan preciado manjar, para comprobar así,  que aquél carro tenía en ese cargamento, los mejores ejemplares de esas huertas que en verano rebosaban se zapallos, calabazas, melones y demás frutos deseados.

viernes, 5 de junio de 2020

RENAULT 4

Con Paula aún en la cuna, y a punto de dar sus primeros pasos decidimos dejar nuestro departamento de la calle Pueyrredón y nos trasladamos a otro más amplio y no muy lejos de éste, en la calle Bolívar. Mi cuñada nora había dado a luz a  otra niña, Valeria, cuatro meses después de nacer Paula. Llevamos juntas los embarazos  con sólo cuatro meses de diferencia. Mi cuñada nora también dejó su antigua casa y se mudó a este barrio. Nos agradaba la proximidad al centro y la cercanía de nuestras viviendas. Queríamos que paula y valeria pudieran crecer juntas.

El nuevo departamento estaba ubicado junto al de mi hermana Martha, que ya tenía dos hijos varones y esperaba el tercero. Nuestro departamento era en un primer piso, se accedía a él a través de una escalera bastante empinada que paula aprendió con el tiempo a subir y bajar sola para ir a jugar con sus primos y otros niños que vivían en el bajo, donde había un amplio pasillo donde convergían todos los departamentos adosados , creo que eran diez viviendas con parejas jóvenes y todas con niños pequeños que acostumbraban hacer uso de sus triciclos , pequeñas bicicletas  o patines, cuando no sacaban las muñecas o los antifaces y espadas para jugar al zorro o  a los payasos. Celebramos con bonetes y tartas y piñatas, los cumpleaños de todos, incluídos los de paula y el primer cumpleaños de Antonio. En este lugar vivimos  varios años, aquí trajimos a antonio recién nacido, desde monte hermoso,  aquí aprendió a caminar y  antes de cumplir sus dos años , que los hace el 25 de enero,  partimos hacia europa un Final de diciembre para nunca más volver a vivir en esta tierra donde empezábamos a echar raíces con nuestros hijos.

Volvimos a armar la casa con el entusiasmo de siempre, plantamos papiros y flores en el balcón , donde colgamos nuestra cortina a rayas amarillas y negras que habíamos utilizado en la galería de nuestra antigua casa y que nos protegió de la lluvia y de los soles intensos. Tejí al crochet almohadones para sillas y sillones. Compramos un coche, un renault 4  que apenas traerlo del concesionario a casa,  lo aparcamos en la puerta del departamento y en ese mismo momento  se desató una tormenta increíble y vimos por el balcón que la riada lo llevaba calle abajo por la pendiente , desenfrenado, nunca mejor dicho, porque al verlo por el balcón mario gritó no le puse el freno de mano., lo vimos estrellarse contra una farola que por suerte impidió que siguiera su camino  por la pendiente hasta quien sabe dónde. Cuando mario bajó a rescatarlo,  pudo hacerlo funcionar perfectamente , el daño fue en la parte trasera, Al día siguiente nos íbamos de excursión al campo con dos amigos, con Tato y Marta. . Cuando llegamos  a nuestro destino  y quisimos abrir la puerta del baúl,  nos dimos cuenta que el golpe había abollado las chapas y era imposible hacer uso de la rueda de auxilio que se situaba por debajo del baúl. Cosas que suceden , contrariedades, contratiempos, los famosos imponderables de los que yo hablo siempre y que ponen a prueba el carácter el humor y la capacidad para sortear con éxito el mal trago. Así fue como nuestro primer coche  rodó por las calles de córdoba con la abolladura en su sitio,  orgullosa, como una herida de guerra. No pudimos arreglarla por falta de dinero durante muchos meses., pero aún así nos prestó innumerables servicios.

lunes, 1 de junio de 2020

NO SE RECUERDA LO QUE NO SE CONOCE

En tercer y cuarto curso de magisterio las asignaturas de castellano, el correcto uso de la lengua, y  la literatura, invadieron mi centro de interés. Al mismo tiempo que dan comienzo las prácticas con los alumnos de la primaria. El colegio alejandro carbó era el único en la ciudad que formaba maestros . Para lograr esta especialización era necesario disponer de escuela primaria en el mismo edificio , como tenía esta escuela. Los profesores que impartían didáctica nos distribuían los temas que luego preparábamos para dar la clase de una hora en alguno de los siete niveles que constituían los años de la escuela primaria. El día en que dábamos la clase, se sentaban al fondo de la clase los compañeros que realizarían la crítica, la maestra de la clase, nuestra profesora de didáctica y algún otro invitado docente  que se agregaba en la observación. Se tenía en cuenta todo, la presencia, la corrección en el trato, la espontaneidad, la soltura para impartir el tema en cuestión, la modernidad tanto en el contenido como en la preparación del material didáctico. Todo esto nos obligaba a manejar nuevas metodologías en matemáticas por ejemplo, comenzaba en aquélla época la teoría de conjunto con aquellas cajas con tabletas de colores que ayudaban gráfica y visualmente a entender y jugar con las cifras y los números. O en geografía con las nuevas cartografías coloristas.

Todas las asignaturas, abstractas , concretas , plásticas, teóricas,  se apoyaban en un material visual, sonoro táctil, todo lo innovador y sutil que la programación lo sugiriera. El tercer curso marca una nueva etapa en el curriculum  formativo porque las asignaturas como botánica, zoología, latín, asignaturas que yo apreciaba  mucho y que las estudiaba con alegría, y que los profesores que las impartían eran unos entusiastas, docentes de vocación y con carisma. Dieron paso a dos bloques nuevos, por un lado. Matemáticas, física y química que no gozaban  de mi interés  o era porque los profesores encargados de trasmitir estos conocimientos ,  carecían de entusiasmo pedagógico y no me generaron la más mínima empatía. Y por el otro filosofía, pedagogía, didáctica, política educacional, educación democrática, instrucción cívica , además de las historias que dependiendo de los años era historia universal, historia  contemporánea o historia argentina

Los idiomas, el latín y el francés eran estrellas. Tuve dos profesoras de latín en primero y segundo curso que nos enseñaron con buena pedagogía una lengua clásica a la que me gustaría, viéndolo en perspectiva, haberle dedicado mejor tiempo,  estudiado más.aunque aún recuerdo declinaciones o algún pequeño texto memorizado entonces

En francés tuve dos profesores varones, unos dandis, elegantes en la forma y en el contenido, a toda la clase nos gustaban las horas de francés. Se notaba que eran cultos, viajeros y amantes de las nuevas concepciones pedagógicas  las nuevas corrientes se aprenden estudiando, viajando, compartiendo nuevas ideas y nuevas propuestas abriendo la cabeza y el corazón para que los aires de modernidad y de actualidad nos encuentren frescos, deseosos de aprender y de cambiar si es necesario algún resabio de inflexibilidad que nos quede. La educación  no admite dogmatismos, ni malas formas ni incorrección en el lenguaje. El cuidado de la estética en la elección de contenidos  y la trasmisión del buen ánimo que provoca  aprender. Tuve suerte  en los profesores que me impartieron estas disciplinas, también con los profesores , varones y abogados ambos que me enseñaron política educacional , educación democrática e instrucción cívica. Profesionales pero sobre todo pedagogos. Para fomentar la lectura entre los niños y jóvenes, creamos con tres compañeras, la biblioteca infantil del colegio, nos cedieron una habitación grande junto al gimnasio, que decoramos con mucho estilo, para que los niños accedieran a prestar libros en los recreos y construimos un tren de madera con ruedas y vagones y Lo hacíamos circular los días lunes en las primeras horas por todas las clases para recoger los libros que donaban los alumnos y que íbamos cargando en este pintoresco tren que nos habían construído unos carpinteros familiares de una compañera. Esta época me compensó con creces los sinsabores que comencé a vivir con la enfermedad de mi madre. Preparábamos dos eventos con mucho entusiasmo . Uno,  la fiesta de egresadas y el otro, para el que habíamos ahorrado todos los dineros recaudados durante los cursos lectivos organizando fiestas y rifas, era el tan ansiado viaje a ver el mar, iríamos todos los de la clase a mar del plata. Mi madre me había preparado todo, traje para la fiesta, me hizo coser un vestido de muselina azul cadmio oscuro con mangas plisadas que  era un lujo  y con la misma modista me preparó la ropa para el viaje de fin de curso,  diseñó un vestido de piqué  blanco con un rombo rojo en el centro y un sombrero blanco y rojo de ala ancha  y un traje de hilo blanco , pantalón con chaqueta y un chaleco de hilo rojo, todo un conjunto que también  confeccionó la señora que nos cosió todos los trajes de bodas;  fiestas y  celebraciones mientras vivió mi madre que era la diseñadora y ejecutora de todo tipo de detalles necesarios como camelias de tela para lucir en la solapa de los trajes con chaquetas que se ponían de moda  o botones forrados con la misma tela de los trajes o pequeños tocados para las bodas. Mi madre fue una verdadera artista en todo lo que se propusiera, tanto en los diseños como en la ejecución  de lo que le proponíamos. Con cuatro hijas mujeres siempre tenía algún evento entre sus manos. Los diseños con  las telas más diversas y sofisticadas y los tejidos con las combinaciones  de lanas y colores nada se le resistía , sus manos primorosas daban forma a cualquier ocurrencia por complicada que pareciera. Esta habilidad es un don, nosotras, las hermana,  heredamos algunas cualidades pero  la ductilidad , el buen gusto y la alegría conque mi madre ejecutaba todo lo que se proponía, no hemos podido alcanzar ese nivel tan alto.

Cuando pienso que hoy hemos simplificado la vida para hacerla sencilla, práctica  y sin tanto protocolo pienso en mi madre y cómo compartiría esta reducción de tontería. Pero entonces, así se planteaban las cosas familiares. Cuando llegó el día de la fiesta, mi madre estaba ingresada  y me acompañó sólo mi hermano pablo , después del baile, del que guardo bonitas fotos y del discurso con la entrega de las rosas, nos fuimos a casa con la preocupación sobre el estado de salud  de nuestra querida madre.

Pasados unos días pudimos visitarla en el hospital y me pidió que organizara mi maleta y que hiciera con mis compañeras ese viaje tan especial a conocer por primera vez el mar. Así fue cuando después de un viaje de casi veinte horas por la tarde y noche, durmiendo todos en el autobús, nos despertaron y cuando asomé la cabeza por el cristal de la ventanilla, se abrió ante mis ojos aquélla planicie azul  que nunca hubiera podido imaginármela sin tenerla frente a mis ojos. Desde este día hice como un lema en mi  vida  que me acompaña siempre..... No se recuerda lo que no se conoce.

PLAZA COLÓN



Cuando empecé la escuela secundaria, mis hermanas mayores ya habían pasado a otras etapas de sus vidas, sólo con una de ellas, con Berta compartí los dos primeros años de colegio en la escuela normal de profesores Alejandro Carbó. Me entusiasmaba mucho tener que viajar en autobús hasta el centro, nuestra escuela estaba situada en la calle Colón, en frente de una de las plazas más bonitas de córdoba, laplaza colón, hay una canción que hace mención a este rincón florido diseñado por un famoso arquitecto santiagueño y que fue profesor  en la facultad de arquitectura, de una de mis hermanas, de Martha, enseñaba estética y era un importante paisajista.

Esta plaza era nuestro remanso, con pequeños lagos interiores rodeados  de vegetación autóctona, un diseño de gran  romanticismo y de una delicadeza, muy propias de este profesional  del paisaje urbano tan enamorado de su actividad y de su docencia. Aquí celebrábamos los 21 de septiembre , el día del estudiante, coincidiendo con el comienzo de la primavera. Era el día más divertido del año escolar. Las clases se suspendían ese día y salíamos a las 10 de la mañana a festejar en la plaza o nos desplazábamos hasta el centro a divertirnos bebiéndonos unos helados en la más famosa heladería del centro, "sopelsa" situada en la avenida general paz. También solíamos organizar salidas a las sierras , íbamos todos los compañeros del curso y era un día memorable, bañándonos en los ríos y haciendo almuerzos campestres .
Los dos primeros años del secundario los cursé por la tarde, después del colegio, caminábamos con mi hermana berta y  edeis, una compañera de mi hermana , hasta la escuela de lenguas. Mi madre nos matriculó para cursar francés dos días por semana,  otros días, teníamos dentista, luego cogíamos el autobús y regresábamos a casa, bastante cansadas , por la tarde noche. Estos dos primeros años fueron muy gratificantes. Tuve buenos profesores y disfruté del prestigio que tenían mis hermanas por ser muy buenas estudiantes.

El tercer curso, mi compañera y amiga  decidió cambiarse al turno mañana pues sus hermanas ya lo hacían y yo que ya no Compartiría con mi hermana que pasaba a la universidad, no lo pensé dos veces y convencí a mi madre, que no lo tenía tan claro, porque había que levantarse muy temprano, aceptó y así fue como empecé a levantarme a las seis de mañana, desayunar pronto y correr al autobús, para estar sentada en el pupitre a las 7,45 hora en que comenzaban las clases.

martes, 7 de abril de 2020

La arena y la nieve *****

La flauta de pan del pastor solitario. Con esta música, camino descalza sobre la arena de una playa interminable. Vivíamos en lund, jóvenes, con dos hijos pequeños y estudiábamos el idioma  junto a compañeros de diez nacionalidades. Griegos polacos islandeses americanos, entre otros. Todos éramos recién llegados. El café de la pausa nos unía como una nueva familia. Chapurréabamos los idiomas que podíamos y que nos permitieran expresar un pensamiento coherente. La expresividad de las manos y de los gestos junto a la vivacidad de las miradas nos conectaba más allá de la comprensión de los textos. Uno de los participantes en la tertulia  era un martinicano menudo, muy sonriente y comunicativo. Pasados unos días, nos invitábamos a nuestras casas a cenar para hacer más amena y cotidiana una estancia cargada de extrañamientos en un país con un invierno largo, oscuro y helado. 


En una de las cenas en casa vino el martinicano. Hasta ese momento mis hijos nunca habían cenado con una persona de raza negra. Aunque parezca una obviedad a Mario y a mi que si hemos tenido en nuestra juventud amigos de otras razas. Nos parecía importante naturalizar una situación tan sencilla como esta con nuestros hijos. Nuestro amigo llegó solo, con su simpatía habitual se sentó a la mesa. En frente, Antonio que tenía para aquel entonces tres años y a su lado Paula, con seis años. La cena estaba riquísima y la conversación era en francés, la lengua de nuestro amigo y Mario y yo podíamos seguirla naturalmente. Paula mostró una naturalidad común a ella en el encuentro con todas las nuevas relaciones familiares. Antonio sólo rompió su mutismo cuando pudo entablar una conversación directa a partir de una pregunta muy gráfica que le formuló y que contaré en otro texto. Después de este encuentro, y pasados los días, nuestro amigo retribuyó la invitación con una cena en su casa.


Vivía solo, separado desde hacía un tiempo y cuidaba de su hijo cada quince días. Nos sorprendió la colección maravillosa de discos que tenía. Sobre todo  música clásica y jazz, pero manejaba el folclore del mundo y las músicas más singulares. La cena fue deliciosa, era un sibarita y por lo tanto cocinaba con gran delicadeza. Fue una velada maravillosa, antes de irnos, quiso regalarme algo que a mi me había transportado en la cena, un disco del rumano Gheorghe Zamfir que tocaba su flauta de pan como un auténtico andino con sus quenas. Tengo que decir que aquella noche fue mágica, gastronómica y musicalmente hablando. Nuestro amigo quedó grabado en mi inconsciente a través de esa música y muchas veces caminando sobre la arena blanda junto al mar se mezcla la flauta de zamfir con el sonido de las olas y el rostro de este martinicano singular, afectuoso y cercano.


Picaflor

era il nome del cavallo color cenere che aveva mio padre e per il suo genio non potevamo sellarlo o cavalcarlo, aveva la criniera e una lunga coda argentata. Era bello, alto, elegante, elegante. Sapeva di essere libero e di lasciarsi cavalcare solo da mio padre che, da buon baqueano e conoscitore di animali, li trattava con una delicatezza e un affetto che ci imponeva. Il suncho era ed è l'angolo di famiglia che più ci unisce ai fratelli. Quando mio padre ci ha portato in estate, mia madre non è andata, eravamo in cinque con lui. Mio padre era sempre di poche parole e voce sommessa. Mai un pianto, un rimprovero o un gesto incisivo. Non dava consigli né era molto espressivo nell'espressione dell'affetto. Era un uomo calmo e sereno. Nessuna finzione o confusione. Quando arrivammo al ranch, Isaías, Angelines e i loro dieci figli ci stavano aspettando, erano il caposquadra e la sua famiglia. Da quel momento, furono loro a prendersi cura di noi perché mio padre sellò il suo cavallo e si perse nel campo. È tornato all'ora di pranzo quando Angelines ha servito uno stufato fumante e fragrante. Ricco di vedere e mangiare, con mais, zucche, patate dolci e un pollo, quando non era un bambino o costolette di manzo, la fonte era davvero una natura morta, una natura morta pantagruélico. Dopo pranzo, avrebbe fatto un pisolino mentre suonavamo molto vicino alla casa sotto gli alberi. Ha sellato di nuovo il cavallo, che stava saltando di gioia ed è uscito di nuovo per fare il suo giro. Il campo ha questo, ha sempre bisogno di una revisione e mio padre aveva bisogno di riconnettersi con lui, con la sua infanzia e con la fresca emozione che solo il campo silenzioso e luminoso gli ha dato.

Picaflor se llamaba el caballo color ceniza que tenía mi padre y que por lo brioso nosotros no podíamos ensillarlo ni montarlo.Tenía unos crines y una cola larga de color plateado. Era hermoso, alto, estilizado, elegante. Se sabía libre y se dejaba montar sólo por mi padre que como buen baqueano y conocedor de los animales, los trataba con una delicadeza y un cariño que a nosotros  nos imponía. El suncho fue y es el rincón familiar que más nos une a los hermanos. Cuando mi padre nos llevaba en verano, mi madre no iba, éramos los cinco con él. Mi padre fue siempre de pocas palabras y de voz suave. Jamás un grito ni un reproche ni un gesto incisivo. No daba consejos ni era muy expresivo en la manifestación del cariño. Era un hombre campero y sereno. Sin pretensiones ni  aspavientos. Cuando llegábamos  a la estancia, nos esperaban Isaías , Angelines y sus diez hijos, eran el capataz y su familia. Desde ese momento, ellos eran los que nos atendían porque mi padre ensillaba su caballo y se perdía en el campo. Volvía a la hora del almuerzo momento en el que Angelines servía un puchero humeante y oloroso. Rico de verlo y de comerlo, con choclos calabazas, batatas y una gallina, cuando no era cabrito o costillas de ternera, realmente la fuente era una naturaleza muerta, un bodegón pantagruélico. Después de la comida, dormía una corta siesta mientras nosotros jugábamos muy cerca de la casa debajo de los árboles. Volvía a ensillar al caballo que daba brincos de alegría y salía nuevamente a hacer su ronda. El campo tiene eso, siempre necesita un repaso y mi padre necesitaba reencontrarse con él, con su infancia y con la emoción fresca que sólo el campo callado y luminoso le regalaba.

martes, 23 de julio de 2019

JULIO