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miércoles, 25 de febrero de 2026

P A S A J E S


001 ESPUMA BLANCA
002 OJOS COLOR MIEL
003 LOS NICOLLE
004 CUATRO LIBROS
005 LA EDUCACIÓN Y EL ARTE
006 CICLÓN
007 CAMPO ABIERTO
008 EL MÉDICO
009 CUCHI CORRAL
010 HECHIZOS

011 CALAS, DALIAS Y GLADIOLOS
012 AL ALBA 
013 EL REENCUENTRO
014 HONDAS Y TROMPOS
015 ALGARROBOS Y CHAÑARES
016 MI ABUELA
017 GALLINAS
018 EL CEMENTERIO
019 EL VIAJE
020 MI PADRE

021 LA BOCA 
022 LA VILLA 
023 IPANEMA
024 LA LAGUNA DE IPACARÍ
025 GUAYABERAS
026 PIÑAS HELADAS 
027 HAMACA PARAGUAYA  
028 DEBIÓ SER MI MADRE 
029 AGNÓSTICA
030 CAFÉ CONCERT 

031 FARMACIA CÓNDOR
032 UNA ROTONDA
033 MI BARRIO
034 LOS VERANOS ERAN LARGOS
035 MI ESCUELA
036 PALOMITAS
037 LA ARBOLEDA
038 MAGISTERIO
039 1977
040 UNA TAZA MÁS

041 BELLAS ARTES
042 PROFESORA DE ARTE
043 LOS MURALISTAS MEXICANOS
044 CIERTA NOSTALGIA
045 PEDAGOGÍA
046 EN DOS VIAJES SUCESIVOS
047 ALGUNOS PROFESORES
048 DECIDÍ TERMINAR
049 MAESRTRO DE ESCULTURA
050 POR FIN

051 EN JULIO DE 1989
052 FRIGILIANA
053 COSTA BRAVA
054 DICIEMBRE DE 1974
055 CAMPING
056 JULIO DE 1972
057 PRIMERAS LUCES DE LA MAÑANA
058 LA HORA DE PARTIR
059 TIEMPOS NUEVOS
060 CALLE LIBERTAD

061 UN CIELO DE GAVIOTAS
062 VACIADOS
063 LLOVÍA A CÁNTAROS
064 TIEMPO DE CAMBIO
065 COLEGIADA EN BELLAS ARTES
066 LA LENGUA MATERNA
067 EL VERDE
068 PEUGEOT 504
069 PANNINI PICCOLO
070 MI SUEGRO

071 VIAJE CON EMILIA A NORUEGA
072 OSLO
073 BERGEN
074 MENORCA
075 CALA GALDANA
076 CUARENTA HOJAS
077 ALPUJARRAS
078 PAMPANEIRA
079 SEVILLA
080 EL COLOR DE LA BANDERA

081 CARNAVAL
082 NO SE RECUERDA LO QUE NO SE CONOCE
083 IRÉ A CUBA CONTIGO
084 SENTADOS EN EL PATIO
085 CABRITO ASADO
086 MIS TÍOS
087 UNA MOTO
088 RENAULT 4
089 RAMONA
090 MI AMIGA

091 AGUA CLARA
092 SAN MATEO
093 PLAZA COLÓN
094 VIOLETA
095 ENCUENTROS
096 UNA FOTO
097 MEDIALUNAS
098 UNA NIÑA PRECIOSA
099 CUESTA BLANCA
100 LA BODA EN GOTEMBURGO

miércoles, 17 de junio de 2020

LA ESPECIFICIDAD




Recordar el barrio donde transcurrió mi infancia me permite dibujar  una perspectiva clara hacia adelante, situar las calles arboladas, los lugares donde comprábamos todo lo que necesitábamos, no existían los supermercados donde los diversos géneros se exponen superpuestos, los jabones con los botones, los helados con las latas de conservas,los boquerones en vinagre tienen el mismo valor en la disposición en las estanterías que unas gaseosas o unas horquillas para el pelo o unas gafas de sol. Entonces, la especificidad tenía una importancia fundamental para la planificación y la organización de las horas del día. La lechería de don curelo, nos ofrecía además de la leche, los panes , criollitos, francés, pan flauta, negro, y todas las delicias que comíamos por la tarde después de la siesta, los cañoncitos de pastelera y de dulce leche, las milhojas, las chipacas y las palmeras hojaldradas., aquí comprábamos también las velas para las tortas de los cumpleaños, con los enanitos y la blancanieves para decorarlas. 


Estos negocios se ubicaban en la calle más transitada del barrio, la avenida juan b. Justo, ruta obligada para viajar al norte del país. Una calle comercial donde encontrábamos de todo. Mi madre nos llevaba a la zapatería "belgrano", en la misma calle juan b. Justo,  a todos, antes de comenzar las clases en el mes de marzo a probarnos los zapatos escolares, unos gomicuer que nos duraban prácticamente el año lectivo de comienzo hasta el final. Compraba las zapatillas pampero blancas para hacer gimnasia, reglamentarias y que solíamos blanquear con tiza humedecida y para el verano, las zapatillas boyero de lona de colores y sin cordones, frescas y de cambio rápido. Además de los zapatos festivos para cumpleaños, bodas y fechas especiales. Justo en frente estaba la "mercería tienda"" santa teresita". Que la atendía abraham, había llegado al barrio desde algún lugar y nosotros, entre los hermanos decíamos que de ¨constantinopla", cuando hacíamos algún juego y lo poníamos de referente. En esta tienda podíamos comprar de todo lo que se refería al mundo de la costura. Mi madre con  cinco hijos , más mis tías y mi abuela que se sumaban al grupo, comprábamos  mucho y muy variado, botones, puntillas, telas, hilos, lanas, telas para miriñaques, calcetines, flores para decorar solapas, pañuelos y un largo etcétera de pasamanerías propias de una casa donde la costura era el universo, abraham, excelente vendedor solía obsequiarnos a los niños con algún ramillete de jazmines de tela o algunos galones dorados dependiendo de las modas. 

Éramos muy buenos clientes y había que cuidarlos. Un poco más abajo, la heladería "la sanjuanina", un lugar muy grande, así lo recuerdo, techos muy altos y unos ventiladores de techo circulando todo el tiempo, umbrío y fresco, y unas neveras largas con tapas metálicas herméticas para mantener el frío, que cuando se abrían, destapaban aquellos recipientes cilíndricos con todos los sabores que se llevaban entonces, que no eran muchos; chocolate, vainilla, fresa, limón , pistacho y ya creo que no había más, los cucuruchos de barquillo no existían entonces, eran tarrinas del mismo pan con el que se fabricaban las hostias y que mi madre solía decirnos que las fabricaban las monjas de la congregación del huerto, que tenían su convento-colegio,  justo en frente de la heladería, por cierto mi hermana martha venía a las hermanas del huerto a  tomar clases de piano. El premio en verano, después de la recorrida de recados era comprarnos cada uno una tarrina con el sabor preferido.  

En invierno, se cerraba el negocio, las anginas eran frecuentes y los médicos no recomendaban tomar helados , pero la contradicción venía cuando te operaban de las amígdalas y te recetaban helados, eso, yo no lo entendía. El heladero que venía con su carrito a la puerta del colegio, lo hacía a partir del mes de noviembre, era entonces cuando la alegría por la proximidad de las vacaciones y del verano, nos embargaba. Estaba la farmacia alsion,  y la samamé; un poco más retirada pero donde éramos más asiduos por la cercanía con sus dueños, cuando regresábamos de la farmacia samamé donde nos mandaban a comprar las recetas que el médico de cabecera , el doctor matusevich, prescribía, solíamos quedarnos un rato, contemplando a través de la ventana, siempre abierta, amplia y a pie de calle, al profesor scieppaquercia, profesor de dibujo en el colegio y afamado pintor de escenas portuarias, barcos con redes y pescadores, el fuerte olor al óleo y la trementina, todavía me trae recuerdos de ese viejo profesor, otro de los habitantes del barrio. El polaco gurvich, mimbrero de profesión, vivía al lado del pintor y era el que siempre le construyó a mi padre, todos los canastos, pequeñas maletas de mimbre con estructuras de madera donde mi padre transportaba todo lo necesario en sus viajes al campo. No puedo dejar de mencionar a las dos modistas, que nos cosieron desde abrigos (tapados), sacones, de invierno trajes de todo tipo, invierno y verano, en aquéllas épocas donde las modistas lo confeccionaban todo. "nuncia!, era de alta costura, robusta, de voz gruesa y una picardía e inteligencia natural, dignas de reseñar, siempre nos abría la puerta con la cinta métrica colgada del cuello y los alfileres incrustados en las solapas  del delantal. Tardaba su tiempo en entregarte la prenda pero la maestría con la que cortaba y confeccionaba era impecable- "mercedes" era una modista más sencilla en el trato y con igual eficiencia en la resolución del encargo. Las visitas a las modistas después del colegio, por la tarde noche eran frecuentes.  

Mi padre llevaba a mi hermano pablo, al sastre, la especialidad hombres, estaba en manos de hombres, curiosidades que el tiempo hizo evolucionar hacia la unificación de criterios y de perfiles.

viernes, 5 de junio de 2020

RENAULT 4

Con Paula aún en la cuna, y a punto de dar sus primeros pasos decidimos dejar nuestro departamento de la calle Pueyrredón y nos trasladamos a otro más amplio y no muy lejos de éste, en la calle Bolívar. Mi cuñada nora había dado a luz a  otra niña, Valeria, cuatro meses después de nacer Paula. Llevamos juntas los embarazos  con sólo cuatro meses de diferencia. Mi cuñada nora también dejó su antigua casa y se mudó a este barrio. Nos agradaba la proximidad al centro y la cercanía de nuestras viviendas. Queríamos que paula y valeria pudieran crecer juntas.

El nuevo departamento estaba ubicado junto al de mi hermana Martha, que ya tenía dos hijos varones y esperaba el tercero. Nuestro departamento era en un primer piso, se accedía a él a través de una escalera bastante empinada que paula aprendió con el tiempo a subir y bajar sola para ir a jugar con sus primos y otros niños que vivían en el bajo, donde había un amplio pasillo donde convergían todos los departamentos adosados , creo que eran diez viviendas con parejas jóvenes y todas con niños pequeños que acostumbraban hacer uso de sus triciclos , pequeñas bicicletas  o patines, cuando no sacaban las muñecas o los antifaces y espadas para jugar al zorro o  a los payasos. Celebramos con bonetes y tartas y piñatas, los cumpleaños de todos, incluídos los de paula y el primer cumpleaños de Antonio. En este lugar vivimos  varios años, aquí trajimos a antonio recién nacido, desde monte hermoso,  aquí aprendió a caminar y  antes de cumplir sus dos años , que los hace el 25 de enero,  partimos hacia europa un Final de diciembre para nunca más volver a vivir en esta tierra donde empezábamos a echar raíces con nuestros hijos.

Volvimos a armar la casa con el entusiasmo de siempre, plantamos papiros y flores en el balcón , donde colgamos nuestra cortina a rayas amarillas y negras que habíamos utilizado en la galería de nuestra antigua casa y que nos protegió de la lluvia y de los soles intensos. Tejí al crochet almohadones para sillas y sillones. Compramos un coche, un renault 4  que apenas traerlo del concesionario a casa,  lo aparcamos en la puerta del departamento y en ese mismo momento  se desató una tormenta increíble y vimos por el balcón que la riada lo llevaba calle abajo por la pendiente , desenfrenado, nunca mejor dicho, porque al verlo por el balcón mario gritó no le puse el freno de mano., lo vimos estrellarse contra una farola que por suerte impidió que siguiera su camino  por la pendiente hasta quien sabe dónde. Cuando mario bajó a rescatarlo,  pudo hacerlo funcionar perfectamente , el daño fue en la parte trasera, Al día siguiente nos íbamos de excursión al campo con dos amigos, con Tato y Marta. . Cuando llegamos  a nuestro destino  y quisimos abrir la puerta del baúl,  nos dimos cuenta que el golpe había abollado las chapas y era imposible hacer uso de la rueda de auxilio que se situaba por debajo del baúl. Cosas que suceden , contrariedades, contratiempos, los famosos imponderables de los que yo hablo siempre y que ponen a prueba el carácter el humor y la capacidad para sortear con éxito el mal trago. Así fue como nuestro primer coche  rodó por las calles de córdoba con la abolladura en su sitio,  orgullosa, como una herida de guerra. No pudimos arreglarla por falta de dinero durante muchos meses., pero aún así nos prestó innumerables servicios.

jueves, 4 de junio de 2020

CABRITO ASADO

Por fin llegaba el día. Tantos preparativos , las empanadas, las ollas con clericó. Que consistía en cortar todas las frutas de estación, piñas melocotones albaricoques, manzanas , bananas a las que mi madre agregaba siempre unas latas de melocotones en almíbar y otras de ananás con  ese jugo tan dulce que maceraba bien las frutas y hacía de este postre un manjar veraniego. Los adultos solían agregarle unos chorros de vino blanco seco y helado que le daba más carácter festivo al copón donde se servía. Se preparaban varias sandías dentro de un fuentón de hojalata, que una vez situados bajo los árboles se cargarán de botellas de refrescos, vinos, porrones, bidú cola,, y los bidones de agua que debían durar todo el día. Y hasta arriba del hielo que compraba mi padre no más llegar. El hielo lo dispensaba en barras que se cortaban con unos punzones . Los trozos dependían del uso que se quisiera dar a tan refrescante elemento. Generalmente era mi padre o algunos de mis tíos los encargados de usar el punzón. Y los grandes cuchillos para hacer las rodajas de sandía que comíamos después de la siesta, a las cuatro de la tarde pues tiene fama de no sentar bien  si se come  después de beber vino o si la comes caliente, así nos lo dijeron  siempre mis padres y nosotros respetamos las reglas  para hacer de ese día  especial y que se siguiera repitiendo año tras año como lo hacíamos.

Mi madre ponía al horno varios pollos  un cabrito asado también caía en el horno de la cocina de casa que funcionaba en horario continuado la víspera del evento. Las asaderas se cubrían con paños de cocina con los trozos ya cortados y a veces deshuesados para poder comerlos con las manos, importante cuando las mesas son largas y los comensales  numerosos como lo era cada año y con tantos niños y jóvenes dando vueltas alrededor del  merendero. Las ensaladas camperas con patatas,  tomates,  aceitunas, huevos duros que se cortaban antes de servir la ensalada al igual que las mayonesas que se servían in situ. Todo se recogía en canastas que había muchas en casa, y que  las confeccionaba un vecino  y conocido de mi padre que desde que llegó de polonia, fue mimbrero, oficio que le permitió vivir y hasta hacer dinero . Era muy dúctil y recuerdo los elogios que le dedicaba mi padre cuando preparaba las cosas para viajar al campo  y hacía uso de los cajones para las herramientas que llevaba o los canastos con las mercancías que necesitaba para pasar un par de semanas alejado de la ciudad,  todo de mimbre y hecho por sus manos.

Los bolsos de mano, cada uno se lo preparaba con sus cosas, a mi siempre me lo preparó mi madre que se encargaba de las toallas para cuando bajábamos al río  sombreros, cremas solares y la caja con las cuberterías y platos que en aquélla época no eran descartables, tampoco los vasos que quiero recordar que ya había algo de plástico duro pero casi todo era de cristal o latón. Llevaba zapatillas de recambio porque alguno resbalaba en las piedras del río y caía sin miramiento en esas pozas llenas de algas y de musgos. El día previo debía estar todo preparado, apuntábamos en hojas de papel para ayudar a mis padres en el recordatorio de todo lo necesario. Ese día por teléfono mi padre acordaba con mis tíos y sus familias  los horarios. Siempre se hablaba de las cinco de  la mañana, porque sabíamos de lo que significaba salir casi en caravana y llegar temprano para  encontrar los mejores sitios con las mejores sombras.

lunes, 1 de junio de 2020

NO SE RECUERDA LO QUE NO SE CONOCE

En tercer y cuarto curso de magisterio las asignaturas de castellano, el correcto uso de la lengua, y  la literatura, invadieron mi centro de interés. Al mismo tiempo que dan comienzo las prácticas con los alumnos de la primaria. El colegio alejandro carbó era el único en la ciudad que formaba maestros . Para lograr esta especialización era necesario disponer de escuela primaria en el mismo edificio , como tenía esta escuela. Los profesores que impartían didáctica nos distribuían los temas que luego preparábamos para dar la clase de una hora en alguno de los siete niveles que constituían los años de la escuela primaria. El día en que dábamos la clase, se sentaban al fondo de la clase los compañeros que realizarían la crítica, la maestra de la clase, nuestra profesora de didáctica y algún otro invitado docente  que se agregaba en la observación. Se tenía en cuenta todo, la presencia, la corrección en el trato, la espontaneidad, la soltura para impartir el tema en cuestión, la modernidad tanto en el contenido como en la preparación del material didáctico. Todo esto nos obligaba a manejar nuevas metodologías en matemáticas por ejemplo, comenzaba en aquélla época la teoría de conjunto con aquellas cajas con tabletas de colores que ayudaban gráfica y visualmente a entender y jugar con las cifras y los números. O en geografía con las nuevas cartografías coloristas.

Todas las asignaturas, abstractas , concretas , plásticas, teóricas,  se apoyaban en un material visual, sonoro táctil, todo lo innovador y sutil que la programación lo sugiriera. El tercer curso marca una nueva etapa en el curriculum  formativo porque las asignaturas como botánica, zoología, latín, asignaturas que yo apreciaba  mucho y que las estudiaba con alegría, y que los profesores que las impartían eran unos entusiastas, docentes de vocación y con carisma. Dieron paso a dos bloques nuevos, por un lado. Matemáticas, física y química que no gozaban  de mi interés  o era porque los profesores encargados de trasmitir estos conocimientos ,  carecían de entusiasmo pedagógico y no me generaron la más mínima empatía. Y por el otro filosofía, pedagogía, didáctica, política educacional, educación democrática, instrucción cívica , además de las historias que dependiendo de los años era historia universal, historia  contemporánea o historia argentina

Los idiomas, el latín y el francés eran estrellas. Tuve dos profesoras de latín en primero y segundo curso que nos enseñaron con buena pedagogía una lengua clásica a la que me gustaría, viéndolo en perspectiva, haberle dedicado mejor tiempo,  estudiado más.aunque aún recuerdo declinaciones o algún pequeño texto memorizado entonces

En francés tuve dos profesores varones, unos dandis, elegantes en la forma y en el contenido, a toda la clase nos gustaban las horas de francés. Se notaba que eran cultos, viajeros y amantes de las nuevas concepciones pedagógicas  las nuevas corrientes se aprenden estudiando, viajando, compartiendo nuevas ideas y nuevas propuestas abriendo la cabeza y el corazón para que los aires de modernidad y de actualidad nos encuentren frescos, deseosos de aprender y de cambiar si es necesario algún resabio de inflexibilidad que nos quede. La educación  no admite dogmatismos, ni malas formas ni incorrección en el lenguaje. El cuidado de la estética en la elección de contenidos  y la trasmisión del buen ánimo que provoca  aprender. Tuve suerte  en los profesores que me impartieron estas disciplinas, también con los profesores , varones y abogados ambos que me enseñaron política educacional , educación democrática e instrucción cívica. Profesionales pero sobre todo pedagogos. Para fomentar la lectura entre los niños y jóvenes, creamos con tres compañeras, la biblioteca infantil del colegio, nos cedieron una habitación grande junto al gimnasio, que decoramos con mucho estilo, para que los niños accedieran a prestar libros en los recreos y construimos un tren de madera con ruedas y vagones y Lo hacíamos circular los días lunes en las primeras horas por todas las clases para recoger los libros que donaban los alumnos y que íbamos cargando en este pintoresco tren que nos habían construído unos carpinteros familiares de una compañera. Esta época me compensó con creces los sinsabores que comencé a vivir con la enfermedad de mi madre. Preparábamos dos eventos con mucho entusiasmo . Uno,  la fiesta de egresadas y el otro, para el que habíamos ahorrado todos los dineros recaudados durante los cursos lectivos organizando fiestas y rifas, era el tan ansiado viaje a ver el mar, iríamos todos los de la clase a mar del plata. Mi madre me había preparado todo, traje para la fiesta, me hizo coser un vestido de muselina azul cadmio oscuro con mangas plisadas que  era un lujo  y con la misma modista me preparó la ropa para el viaje de fin de curso,  diseñó un vestido de piqué  blanco con un rombo rojo en el centro y un sombrero blanco y rojo de ala ancha  y un traje de hilo blanco , pantalón con chaqueta y un chaleco de hilo rojo, todo un conjunto que también  confeccionó la señora que nos cosió todos los trajes de bodas;  fiestas y  celebraciones mientras vivió mi madre que era la diseñadora y ejecutora de todo tipo de detalles necesarios como camelias de tela para lucir en la solapa de los trajes con chaquetas que se ponían de moda  o botones forrados con la misma tela de los trajes o pequeños tocados para las bodas. Mi madre fue una verdadera artista en todo lo que se propusiera, tanto en los diseños como en la ejecución  de lo que le proponíamos. Con cuatro hijas mujeres siempre tenía algún evento entre sus manos. Los diseños con  las telas más diversas y sofisticadas y los tejidos con las combinaciones  de lanas y colores nada se le resistía , sus manos primorosas daban forma a cualquier ocurrencia por complicada que pareciera. Esta habilidad es un don, nosotras, las hermana,  heredamos algunas cualidades pero  la ductilidad , el buen gusto y la alegría conque mi madre ejecutaba todo lo que se proponía, no hemos podido alcanzar ese nivel tan alto.

Cuando pienso que hoy hemos simplificado la vida para hacerla sencilla, práctica  y sin tanto protocolo pienso en mi madre y cómo compartiría esta reducción de tontería. Pero entonces, así se planteaban las cosas familiares. Cuando llegó el día de la fiesta, mi madre estaba ingresada  y me acompañó sólo mi hermano pablo , después del baile, del que guardo bonitas fotos y del discurso con la entrega de las rosas, nos fuimos a casa con la preocupación sobre el estado de salud  de nuestra querida madre.

Pasados unos días pudimos visitarla en el hospital y me pidió que organizara mi maleta y que hiciera con mis compañeras ese viaje tan especial a conocer por primera vez el mar. Así fue cuando después de un viaje de casi veinte horas por la tarde y noche, durmiendo todos en el autobús, nos despertaron y cuando asomé la cabeza por el cristal de la ventanilla, se abrió ante mis ojos aquélla planicie azul  que nunca hubiera podido imaginármela sin tenerla frente a mis ojos. Desde este día hice como un lema en mi  vida  que me acompaña siempre..... No se recuerda lo que no se conoce.

viernes, 29 de mayo de 2020

CARNAVAL

Cuando éramos niños, deséabamos que llegaran los días de carnaval.
Febrero es un mes corto pero muy divertido en el cono sur de América. Tiempo de vacaciones, calor intenso y cuando llegan los días de carnaval, cada uno de los países sudamericanos celebran estas fiestas paganas de maneras muy distintas. Comparsas, disfraces, charangas, y el agua cobra gran protagonismo. En mi barrio nos divertíamos mojándonos entre los amigos, corriéndonos  por la calle para arrojarnos un globo lleno de agua o vaciando un pomo de agua perfumada en la espalda o en la cara de algún distraído viandante. Lo importante era que el chapuzón fuera efectivo y muy sorpresivo, pillar desprevenido al paseante, era todo un reto. Para esto nos valíamos de todas las argucias posibles para no fallar en el intentO. Esos días se hacía complicado hasta el ir a la panadería a por el pan, porque desde muy temprano por la mañana nos dedicábamos a cargar nuestros recipientes de agua para pillar por sorpresa a todos los que pasaban por la calle. No se respetaban la coquetería y aunque fueras de punta en blanco podrías ser blanco de algún balde de agua fría que te cambiaba el humor, pero en esos días de carnaval, se permitían estas bromas, todo el mundo estaba en guardia, a la defensiva pues los ataques de agua estaban permitidos, consentidos y no admitían ni quejas ni enfados ni insultos. 

Pero todos sabíamos que este juego consentido y sorpresivo generaba muchas rabietas, agobios  y algunos enfrentamientos acalorados. La hora de la siesta, después del almuerzo, a partir de las tres de la tarde, las calles del barrio se transformaban en la fiesta de quien se moja primero y quien esquiva más artísticamente la catarata lanzada desde un balcón, desde un sagúan  o hasta de un tejado. Los adultos entraban en acción y el juego iba subiendo el tono y el nivel de riesgo. Para mis padres que sólo participaban como espectadores. Era el momento de que los niños miraran el espectáculo desde las ventanas de la casa y que no salieran por ningún motivo a la acera ya que quedaba invadida por los entusiastas que corrían de un lado al otro buscando los objetivos para lanzar las aguas. Al cabo de unas horas, las calles se tornaban resbaladizas y los resbalones provocaban más de un altercado entre los los atacantes y los que trataban de sortear el aguacero. Esto duraba unas horas y se saldaba con más de un esguince y alguna que otra discusión. Pero poco a poco cada vecino se retiraba a su casa y la tranquilidad volvía a reinar. Ya por la tarde, alrededor de las seis, bien duchados comenzaba mi madre a disfrazarnos. Los disfraces los inventaba ella y dependía de los años. También es cierto que se guardaban de año en año y a veces mi madre sólo renovaba los complementos. Los trajes de gitana para mis hermanas y para mi, fueron trajes míticos en la familia. Nos encantaban las trenzas de lana con los pañuelos coloridos llenos de monedas  de oro cosidas  en las pasamanerías que sonaban al caminar. Los collares dorados , las pulseras de cuentas de colores, los pendientes, los cinturones acordonados con pequeños espejitos que brillaban mucho por la noche, hasta las zapatillas pintadas a juego con los faldones. 

Otro de mis disfraces favoritos fue el que me confeccionó con tul negro en varias capas y coció estrellas plateadas, con un gran bonete, una varita mágica con una estrella y una zapatillas de balet negras cos cintas atadas a las piernas. Qué bonito era este disfraz de dama de noche. A mi hermano pablo le hizo en esa ocasión un disfraz de pierot de color amarillo brillante, de satén con un bonete forrado con la musma tela al igual que las zapatillas.Con un corcho quemado, le pintó bigotes y patillas y cejas abultadas. A mi me ponía colorete en las mejillas y rosos , muy rojos los labios. Nos encantaba que mi madre se divirtiera con este ritual cada año, al que le ponía mucha dedicación , entusiasmo y una dosis de creatividad y modernidad que hasta hoy valoro muchísimo. La hora de la tarde era la hora en la que todos los niños salíamos a lucir nuestros disfraces. Mi abuela que pasaba los veranos con nosotros, sacaba un sillón a la puerta de mi casa y se sentaba para acompañarnos y disfrutar de las murgas que comenzaban a desfilar por la calle, frente a mi casa. Verdaderas comparsas de veinte personas disfrazadas de indios, caciques con plumas de colores, personas vestidas de animales, osos pardos, caballos. Disfraces y murgas increíbles, preparadas cos mucha antelación. Esto creo que ya se ha perdido, pero sólo recordarlo me hace sonreír. La presencia de mi abuela era maravillosa, nos daba mucha seguridad  y confianza frente a esas  murgas saltarinas  y muy ruidosas. Por la noche, mi padre reservaba mesa en uno de los tres clubes del barrio e íbamos toda la familia, más algunos parientes o vecinos que se sumaban. Eran los días del año que veía bailar felices a mis padres y el día que la reunión numerosa invitaba a beber cerveza con naranjada.