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domingo, 17 de mayo de 2020

VIAJE CON EMILIA A NORUEGA

Llegó la abuela Emilia a Lund en el verano de 1981, y como todos los años traía alegría, mucha felicidad, una maleta cargada de pequeños tesoros para los niños, y buenos proyectos para compartir en escandinavia. Su maleta olía a Argentina como decían nuestros hijos. Paquetes de yerba mate, bombillas, cajetillas de particulares, los cigarrillos que siempre fumamos cuando vivíamos en argentina, periódicos de nuestra tierra, libros infantiles de los clásicos como laura devetach, maría elena walsh, casetes con música folclórica, golosinas como alfajores de dulce de leche, colaciones, y las típicas "titas y rodesias" de chocolate que apreciaban tanto mis hijos. 

La casa exhalaba aromas muy vinculados a la afectividad que desprendían,  nos abrazábamos y reíamos con las mil historias que tanto Paula y Antonio reservaban durante un año para contarle a la abuela. Caminatas por el barrio, las compras en el supermercado que tanto gustaban  y sorprendían a emilia, que probaba todos los nuevos sabores  de esta tierra tan lejana para los que viven en el cono sur y tan austral de Argentina. Pasaron unos días y comenzamos a preparar nuestro viaje por los fiordos noruegos. Cargamos nuestro coche, el famoso peugeot 504 gasolero, y testigo fiel de tantos viajes  compartidos en esa época donde la reunificación familiar con algún miembro de la familia lejana, tenía un valor incalculable. La abuela emilia fue un testigo constante, lúcido, sólido,  inteligente e incondicional de nuestras vidas en Argentina y en Europa. 

La mejor compañera de viajes, siento mucho orgullo al decirlo porque sentimos su amor, siempre. Cargamos nuestro coche y echamos a rodar por las carreteras  que nos enamoraron  desde su arranque en lund hacia los fiordos noruegos, paisajes naturales de sobrecogedora belleza, montañas, glaciares, fiordos profundos, cascadas de aguas cristalinas y heladas, aguas de deshielos, con truchas, salmones y un mundo marino fastuoso. La abuela emilia traía las rutas de viaje muy estudiadas, en ellas se incluían las ciudades, con su historia, sus particularidades, los museos, los suvenirs, que se encargó de comprar en cada rincón especial,  y que llevaba consigo en su viaje de retonno. Quería que acampáramos en las famosas cabañas que guardan los bosques escandinavos junto a sus lagos o bordeando los fiordos. La idea era llegar a Bergen.

Al salir de Lund, nuestro objetivo primero y prometido a Paula y a Antonio era llevarlos al parque de atracciones de Gotemburgo,  el famoso liseberg, es importante frente a viajes largos, con niños, priorizar algunas atracciones que a ellos puedan significarles expectativas nuevas y diversión asegurada, sus amigos y compañeros de clase, venían a este parque, tanto en verano como para las vacaciones de navidad, con los abuelos y sus familias, razón por lo cual nuestros hijos que conocían algunos relatos y algunos juegos, querían probarlos y experimentar el vértigo que producen algunos, uno de ellos, el gran barco vikingo que tiene un movimiento oscilante, simulado las olas en altamar y que pude comprobarlo porque los acompañé en la aventura. Probaron juegos, comieron las famosas manzanas acarameladas, las  nubes de algodón de azúcar , los helados, y compraron los pequeños caprichos como llaveros con barcos vikingos, muñecas vestidas con traje regional, que coleccionaba paula o los famosos renos y osos típicos de la región. Salimos muy contentos del parque y nos fuimos a nuestro albergue, ya concertado con antelación, próximo al gran parque de las focas, el slotts skogen, en uno de los extremos del centro histórico de la ciudad. 

El siguiente día, disfrutamos de espacios verdes que Gotemburgo ofrece, el trädgardsfóreningen, situado en el brumsparken, en las cercanías del jardín botánico de la ciudad, caminamos admirando las flores y una paz que ya empezamos a experimentar desde aquí. Este lugar tuvo con el paso de los años una significación muy especial porque paseamos a nuestro nieto entre sus árboles, en verano y en inviernos nevados. En esta querida ciudad nació nuestro nieto  christian en el año 2003, veintidós años después. Comimos en un restaurante que había dentro del parque y planificamos con los mapas sobre la mesa la ruta que emprenderíamos hacia Oslo, el día siguiente.



lunes, 4 de mayo de 2020

LA EDUCACIÓN Y EL ARTE

En ese largo viaje repasé mi vida en escandinavia con mi compañero de asiento Louis un joven francés que vivía en Frankfurt y venía de visitar a su novia en Malmo. Cuando tienes tantas horas por delante la conversación con un interlocutor joven y que casualmente comparte intereses contigo, puede hacer que un recorrido muy largo, te parezca muy breve. 

Durante mi estancia en Lund, mis intereses giraron siempre alrededor de la educación y el arte. Hice un curso de educación infantil después de cursar varios meses en la escuela de idiomas donde se impartían los cursos intensivos de sueco, imprescindibles para poder luego estudiar o trabajar  o sencillamente integrarte en una sociedad tan diferente a la de donde yo provenía. Cuando cursé ese año de pedagogía junto a tres de mis amigas latinas nos llevaron a conocer escuelas cuyas líneas pedagógicas se venían desarrollando con verdadero interés en las ciudades y en las comarcas rurales en toda escandinavia. 

Conectamos con Louis al comprobar que ambos estábamos interesados por las corrientes de montesori y sobre todo habíamos experimentado placer al recorrer algunas escuelas que seguían la pedagogía Waldorf, hablamos de Rudolf Steiner, gran investigador de la obra científica de Goethe, que Louis conocía muy bien y sobre todo sobre su pedagogía que implicaba educar en libertad, la idea del arte como motor, la geometría como lenguaje de las formas, el desarrollo de las individualidades, dentro  del proceso evolutivo de sociedades en continuo cambio. Me habló dela teoría antroposófica de Steiner que yo desconocía, y que me abrió una corriente de nuevos intereses. Pero lo que recuerdo con más claridad fueron Las sensaciones que ambos habíamos experimentado con las vivencias de los niños en el bosque, esa educación al aire libre, ese culto de los escandinavos por que el niño viva el bosque con naturalidad y confianza. Que el bosque sea un motor de inspiración, que desarrolle su independencia, su autosuficiencia. Que sienta la naturaleza como su compañía. 

Una pedagogía vinculada al análisis, interpretar los conceptos más abstractos, más oníricos, más poéticos, escuchar la naturaleza, oler sentir, interpretar, ejercitar la intuición, la deducción , tener esa capacidad de análisis y síntesis, vivir dentro de la naturaleza  el flujo de las estaciones. La nieve bajo los pies los colores de la primavera o el otoño, vivir la desnudez en las aguas frías de sus lagos en verano o pisar el hielo sobre las hojas. Hacer fogatas entre los árboles, recoger vallas en temporada. Esa bosque escuela en suecia "la skogsmulle"  es una práctica educacional escandinava que nos fascinó a Louis y a mi y que nos sensibilizó para siempre, en eso coincidimos y nos sentimos agradecidos de haberlo podido conocer, descubrir, estudiar y vivir en directo, y yo aún más al tener dos hijos pequeños que crecieron en ese ambiente. 

Hoy reflexiono sobre mi nieto Christian que puede cruzar una montaña con treinta kilómetros como reto personal y en solitario, disfrutando de todo ese bagaje conseguido por la educación escandinava, sólo lo acompaña su "mulle", ese personaje duende que ayuda a los niños a cuidar y amar la naturaleza. Cuando Louis bajó del autobús en Frankfurt nos abrazamos contentos me sentí que había hecho uno de los mejores recorridos mentales que podría haber realizado sobre escandinavia antes de llegar a Barcelona. Siempre hablo de los encuentros casuales o de los hechos fortuitos que  pueden cambiar tu eje de pensamiento y a veces el sentido de tu vida.

domingo, 3 de mayo de 2020

TIEMPOS NUEVOS

Los meses de julio y agosto de 1982, los pasamos Antonio, Paula y yo en compañía de Emilia en nuestra casa de Lund, Suecia. La abuela había venido por tres meses coincidiendo con las vacaciones de mis hijos, solíamos en veranos anteriores hacer pequeños viajes por la región. Los fiordos noruegos una vez, Gotemburgo y Estocolmo, en otro de los viajes. En esta ocasión Mario tenía trabajo en Estocolmo por lo que nos quedamos a vacacionar con la abuela en Lund y alrededores. Las playas cercanas de lomma, al sudoeste de Lund, la playa Bjarreds, al oeste de Lund, pasear por Malmo, ir a la piscina, la Kallbybadet o pasear por el botánico "botaniska tradgorden". 

En uno de esos días, recibí una carta de mis amigos suecos, directores del colegio escandinavo de madrid ofreciéndome las clases de arte en el colegio ya que la antigua profesora se mudaba de ciudad y dejaba sus clases. Me ofrecieron un contrato de trabajo, requisito indispensable para poder instalarme en madrid. Recuerdo que esa tarde, sentadas en el balcón de nuestra casa, y tomándonos una cerveza con mi suegra, excelente consejera, hablamos largo y con mucha sinceridad del tema. Con Mario no estábamos pasando por nuestro mejor momento y yo tuve que tomar una decisión que pudo verse como precipitada, pero que las dos pensamos que era lo mejor. Ella se quedaría al cuidado de Paula y Antonio. Mientras yo resolvía los temas en mMdrid. Hablé con mi amiga en madrid y podía quedarme en su casa, otro elemento de vital importancia. No tenía mucho dinero disponible por lo que decidí viajar en autobús y guardarme el resto del dinero, ya que me haría mucha falta. Al día siguiente, me fui a Malmo y saqué el pasaje. El día anterior tuvimos una conversación telefónica con Mario, donde no nos poníamos de acuerdo, pero la charla con mi suegra fue determinante para tomar la determinación de partir. 

El viaje aquél lo recuerdo con emoción, en el autobús viajábamos personas muy variadas, suecos, daneses, yugoslavos, algunos alemanes que bajaron en frankfurt, un francés, que estaba sentado a mi lado entre otros. Son más de 2500 kilómetros y más de 24 horas de viaje, que permiten conocer un poco a las personas que están sentadas a tu alrededor. Las idiosincrasias marcan estilos y formas al  manifestarte, tonos de voz, interés por entablar conversación con tus compañeros de viaje, necesidad de silencio, parquedad o simpatía. Nunca he sido partidaria de los tópicos pero me gusta observar a las personas y analizar sus formas de relación. Cuando llegamos a barcelona, tengo que decir que fue como reencontrarme conmigo misma. Me bajé del autobús y recibí muchos abrazos y nos intercambiamos números de teléfono y direcciones. Todos estábamos por una razón u otra contentos de pisar suelo español. Ese día cené con mis amigos de barcelona, me quedé un día con ellos y seguí mi viaje a madrid. Tenía una gran inquietud por resolver mis primeros días en Madrid. 

Cuando llegué me esperaba  en la estación de autobuses la pareja de mi amiga. Gran alegría al encontrarnos nuevamente. En el viaje en coche hasta la casa me informó que mi amiga estaba de vacaciones en Frigiliana y que le había pedido a él que me recogiera en la estación de autobuses y que me convenciera de viajar con él hasta la playa para encontrarnos. Dudé pero después de escuchar que con mucha lógica mi amigo expresaba que madrid en agosto es una  ciudad administrativamente muerta con lo que mis trámites podían esperar hasta septiembre. Ya lo decidimos allí que viajaríamos juntos al mar al día siguiente. Así fue como conocí Frigiliana aquél agosto de 1982. El encuentro con mi amiga fue entrañable y pasamos muy buenos días juntos. Charlamos muchísimo y paseamos esas noches perfumadas de jazmines y damas de noche, por las escalinatas de un pueblo para mí mágico en ese momento.


Esos días con mi amiga fueron relajantes

Terapéuticos. Repasamos momentos del pasado feliz, en Argentina, nos reímos y lloramos acordándonos de viejos compañeros de guitarreadas y paseos, me contó de sus años en Madrid, de sus trabajos como actriz y de sus proyectos. Cuando volvimos a Madrid yo estaba cargada de energía. Septiembre resurge en la gran ciudad, vuelven los viajeros a poblar sus calles , se abre la actividad cultural y administrativa,  La universidad y los colegios renuevan su pulso académico . Los bares, los encuentros, los cines, los espectáculos. Todo despierta. Con mis papeles convalidados y con mis matrículas hechas, empecé mi trabajo y al mismo tiempo retomé la condición de estudiante en la complutense de madrid. Todo trabajo que se presentaba, lo cogía, así fue como comencé con un taller compartido dando clases de arte, un lugar especial gea, gabinete de expresión artística, y cursos para la comunidad de madrid, el gesto, la palabra y la imagen, donde interrelacionábamos las clases con una profesora de teatro, una de literatura y yo de arte.  Buenos tiempos aquéllos, mucha creatividad, un partido socialista en su fase más creativa  y unas ganas de transformar  la educación, las relaciones humanas, y la política.

sábado, 25 de abril de 2020

1977


Viví seis años en Lund, Suecia. Antonio llegó con dos años y Paula con cinco, nos dieron guardería para los niños a poco de llegar, tenían una traductora, Brita que hablaba muy bien el español. Muy alta, muy rubia y con un trato con los niños delicadísimo. Con esto quiero decir que en el momento que llegamos, septiembre de 1977 Suecia tenía una política de asilo, sobre todo para los que llegamos de latinoamérica. Uruguayos, Chilenos, Brasileros y Agentinos. Y en ese orden de llegada, muy estudiada. La comuna nos dotaba de un apartamento de dos o tres habitaciones, dependiendo del número de hijos, guardería y colegio para los niños dependiendo de sus edades, nos daba una paga semanal y nos apuntaba a los cursos intensivos para aprender lo más rápido posible el idioma. Dicho esto muestro el grado de racionalización que tenían para instalar a las familias que llegaban con serias secuelas físicas pero sobre todo psicológicas después de haber vivido situaciones muy dramáticas en sus países donde las dictaduras se instalaron con violencia, algunos dejaron la cárcel, las secuelas por las torturas, y fueron despojados de trabajos, bienes y hasta quisieron quitarles su dignidad sólo por defender los derechos sociales y políticos en sociedades con muchas desigualdades entre los habitantes. Una profesora de sueco que me ayudó con todas mis traducciones, papeles de los niños y míos, certificados de estudio y algunas presentaciones para obtener cursos o trabajos, llamada Karin y a quien agradezco su sabiduría y su bondad, me regaló su bicicleta de paseo, una joya, marrón, antigua y fuerte, creo que también era "decimonónica" por su solera. La doté de una silla posterior para llevar a Paula y una silla sobre el manubrio para llevar a Antonio. Así me moví por la ciudad cada día llevando y buscando a los niños, siempre tuvieron guardería y colegio en el centro y muy cerca de la Domkyrca, iglesia templo luterano de culto del siglo XII, la obra más significativa de la arquitectura románica en todos los países escandinavos. Muy cerca estaba la biblioteca y más allá la guardería de los niños y poco después sus colegios y fritidhem, espacio destinado a completar el horario laboral de los padres, realizando con los niños actividades vinculadas a la música, a la lectura o la cocina.

martes, 7 de abril de 2020

La arena y la nieve *****

La flauta de pan del pastor solitario. Con esta música, camino descalza sobre la arena de una playa interminable. Vivíamos en lund, jóvenes, con dos hijos pequeños y estudiábamos el idioma  junto a compañeros de diez nacionalidades. Griegos polacos islandeses americanos, entre otros. Todos éramos recién llegados. El café de la pausa nos unía como una nueva familia. Chapurréabamos los idiomas que podíamos y que nos permitieran expresar un pensamiento coherente. La expresividad de las manos y de los gestos junto a la vivacidad de las miradas nos conectaba más allá de la comprensión de los textos. Uno de los participantes en la tertulia  era un martinicano menudo, muy sonriente y comunicativo. Pasados unos días, nos invitábamos a nuestras casas a cenar para hacer más amena y cotidiana una estancia cargada de extrañamientos en un país con un invierno largo, oscuro y helado. 


En una de las cenas en casa vino el martinicano. Hasta ese momento mis hijos nunca habían cenado con una persona de raza negra. Aunque parezca una obviedad a Mario y a mi que si hemos tenido en nuestra juventud amigos de otras razas. Nos parecía importante naturalizar una situación tan sencilla como esta con nuestros hijos. Nuestro amigo llegó solo, con su simpatía habitual se sentó a la mesa. En frente, Antonio que tenía para aquel entonces tres años y a su lado Paula, con seis años. La cena estaba riquísima y la conversación era en francés, la lengua de nuestro amigo y Mario y yo podíamos seguirla naturalmente. Paula mostró una naturalidad común a ella en el encuentro con todas las nuevas relaciones familiares. Antonio sólo rompió su mutismo cuando pudo entablar una conversación directa a partir de una pregunta muy gráfica que le formuló y que contaré en otro texto. Después de este encuentro, y pasados los días, nuestro amigo retribuyó la invitación con una cena en su casa.


Vivía solo, separado desde hacía un tiempo y cuidaba de su hijo cada quince días. Nos sorprendió la colección maravillosa de discos que tenía. Sobre todo  música clásica y jazz, pero manejaba el folclore del mundo y las músicas más singulares. La cena fue deliciosa, era un sibarita y por lo tanto cocinaba con gran delicadeza. Fue una velada maravillosa, antes de irnos, quiso regalarme algo que a mi me había transportado en la cena, un disco del rumano Gheorghe Zamfir que tocaba su flauta de pan como un auténtico andino con sus quenas. Tengo que decir que aquella noche fue mágica, gastronómica y musicalmente hablando. Nuestro amigo quedó grabado en mi inconsciente a través de esa música y muchas veces caminando sobre la arena blanda junto al mar se mezcla la flauta de zamfir con el sonido de las olas y el rostro de este martinicano singular, afectuoso y cercano.


viernes, 3 de abril de 2020

Las texturas y las épocas