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domingo, 3 de mayo de 2020

TIEMPOS NUEVOS

Los meses de julio y agosto de 1982, los pasamos Antonio, Paula y yo en compañía de Emilia en nuestra casa de Lund, Suecia. La abuela había venido por tres meses coincidiendo con las vacaciones de mis hijos, solíamos en veranos anteriores hacer pequeños viajes por la región. Los fiordos noruegos una vez, Gotemburgo y Estocolmo, en otro de los viajes. En esta ocasión Mario tenía trabajo en Estocolmo por lo que nos quedamos a vacacionar con la abuela en Lund y alrededores. Las playas cercanas de lomma, al sudoeste de Lund, la playa Bjarreds, al oeste de Lund, pasear por Malmo, ir a la piscina, la Kallbybadet o pasear por el botánico "botaniska tradgorden". 

En uno de esos días, recibí una carta de mis amigos suecos, directores del colegio escandinavo de madrid ofreciéndome las clases de arte en el colegio ya que la antigua profesora se mudaba de ciudad y dejaba sus clases. Me ofrecieron un contrato de trabajo, requisito indispensable para poder instalarme en madrid. Recuerdo que esa tarde, sentadas en el balcón de nuestra casa, y tomándonos una cerveza con mi suegra, excelente consejera, hablamos largo y con mucha sinceridad del tema. Con Mario no estábamos pasando por nuestro mejor momento y yo tuve que tomar una decisión que pudo verse como precipitada, pero que las dos pensamos que era lo mejor. Ella se quedaría al cuidado de Paula y Antonio. Mientras yo resolvía los temas en mMdrid. Hablé con mi amiga en madrid y podía quedarme en su casa, otro elemento de vital importancia. No tenía mucho dinero disponible por lo que decidí viajar en autobús y guardarme el resto del dinero, ya que me haría mucha falta. Al día siguiente, me fui a Malmo y saqué el pasaje. El día anterior tuvimos una conversación telefónica con Mario, donde no nos poníamos de acuerdo, pero la charla con mi suegra fue determinante para tomar la determinación de partir. 

El viaje aquél lo recuerdo con emoción, en el autobús viajábamos personas muy variadas, suecos, daneses, yugoslavos, algunos alemanes que bajaron en frankfurt, un francés, que estaba sentado a mi lado entre otros. Son más de 2500 kilómetros y más de 24 horas de viaje, que permiten conocer un poco a las personas que están sentadas a tu alrededor. Las idiosincrasias marcan estilos y formas al  manifestarte, tonos de voz, interés por entablar conversación con tus compañeros de viaje, necesidad de silencio, parquedad o simpatía. Nunca he sido partidaria de los tópicos pero me gusta observar a las personas y analizar sus formas de relación. Cuando llegamos a barcelona, tengo que decir que fue como reencontrarme conmigo misma. Me bajé del autobús y recibí muchos abrazos y nos intercambiamos números de teléfono y direcciones. Todos estábamos por una razón u otra contentos de pisar suelo español. Ese día cené con mis amigos de barcelona, me quedé un día con ellos y seguí mi viaje a madrid. Tenía una gran inquietud por resolver mis primeros días en Madrid. 

Cuando llegué me esperaba  en la estación de autobuses la pareja de mi amiga. Gran alegría al encontrarnos nuevamente. En el viaje en coche hasta la casa me informó que mi amiga estaba de vacaciones en Frigiliana y que le había pedido a él que me recogiera en la estación de autobuses y que me convenciera de viajar con él hasta la playa para encontrarnos. Dudé pero después de escuchar que con mucha lógica mi amigo expresaba que madrid en agosto es una  ciudad administrativamente muerta con lo que mis trámites podían esperar hasta septiembre. Ya lo decidimos allí que viajaríamos juntos al mar al día siguiente. Así fue como conocí Frigiliana aquél agosto de 1982. El encuentro con mi amiga fue entrañable y pasamos muy buenos días juntos. Charlamos muchísimo y paseamos esas noches perfumadas de jazmines y damas de noche, por las escalinatas de un pueblo para mí mágico en ese momento.


Esos días con mi amiga fueron relajantes

Terapéuticos. Repasamos momentos del pasado feliz, en Argentina, nos reímos y lloramos acordándonos de viejos compañeros de guitarreadas y paseos, me contó de sus años en Madrid, de sus trabajos como actriz y de sus proyectos. Cuando volvimos a Madrid yo estaba cargada de energía. Septiembre resurge en la gran ciudad, vuelven los viajeros a poblar sus calles , se abre la actividad cultural y administrativa,  La universidad y los colegios renuevan su pulso académico . Los bares, los encuentros, los cines, los espectáculos. Todo despierta. Con mis papeles convalidados y con mis matrículas hechas, empecé mi trabajo y al mismo tiempo retomé la condición de estudiante en la complutense de madrid. Todo trabajo que se presentaba, lo cogía, así fue como comencé con un taller compartido dando clases de arte, un lugar especial gea, gabinete de expresión artística, y cursos para la comunidad de madrid, el gesto, la palabra y la imagen, donde interrelacionábamos las clases con una profesora de teatro, una de literatura y yo de arte.  Buenos tiempos aquéllos, mucha creatividad, un partido socialista en su fase más creativa  y unas ganas de transformar  la educación, las relaciones humanas, y la política.

miércoles, 29 de abril de 2020

FRIGILIANA








El retorno de paula fue con retraso y en vez de aterrizar su avión a las 21  horas como estaba previsto  llegó a las 4 de la mañana. Mario que tenía ya el coche a tope con maletas y accesorios, sumado a que tenía los tres chicos esperándolo en casa no dilató más el viaje y cogió carretera a esa hora para evitar el calor abrasador de Andalucía al mediodía. Para mi fue un mes intenso, ese julio en solitario lo recuerdo como muy especial. En el pueblo habían alquilado casa unas amigas argentinas residentes en Boston. Solían volar desde estados unidos para pasar el verano en este pueblo que tenía la playa a cuatro kilómetros. En nNrja, una playa pequeña, muy recoleta llamada Burriana. Las casas las alquilaban a un pintor danés, llamado Sorensen que se había hecho residente en el pueblo donde compró casas diseminadas por el pueblo, las rehabilitó y ambientó con muy buen gusto y criterio, esto sumado a las vistas preciosas desde lo alto de la montaña hacia el valle, hacían de este rincón un lugar selecto y muy pintoresco.
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Para llegar hasta la casa era necesario dejar el coche en uno de los aparcamientos   de los que disponía el pueblo, y luego escaleras arriba hasta llegar a la puerta que daba paso a un hall y salón, la casa disponía de tres habitaciones un baño, un saloncito, y una galería patio con grandes parras donde teníamos instalada nuestra mesa de comidas. Una escalera bajaba a un patio mínimo de tierra donde Mario había instalado la barbacoa que una vez preparada había que subirla hasta nuestra mesa bajo las parras que desplegamos en el patio terraza. Frente a la casa, un bar del pueblo donde se juntaban los lugareños a tomar su vino del terreno, dulzón y peleón y su tapa de jamón. Desde allí se vigilaba y controlaban los movimientos de todo el vecindario, en especial a los forasteros. Bar torre vigía que cerraba sus puertas después de llegar yo por la noche cuando terminaban las reuniones con amigos.




















EN JULIO DE 1989

Paula preparaba su maleta para partir a Cambridge, realizaría un curso vacacional de inglés, preparatorio para realizar su COU (curso de orientación universitario) en los Estados Unidos, al terminar su bachillerato. Antonio, viajaba a vacacionar todo julio a Barcelona donde vivía su gran amigo Andrés, con quien había comprtido todos sus veranos desde que llegamos a España y algún otro cuando bajábamos desde Suecia a Cataluña. Mario trabajaría todo Julio pero antes, viajábamos los dos en coche hasta Andalucía, más precisamente a un pueblo maravilloso de la provincia de Málaga, llamado Frigiliana habíamos alquilado ya en semana santa una casa en lo alto del pueblo por dos meses, julio y agosto. La intención era que yo me quedara el mes de julio en el pueblo, mMrio regresaba a trabajar ese mes a madrid, y regresaba en agosto, trayendo a nuestro hijos paula y antonio, acompañados por Andrés amigo de antonio y Sonia, amiga de paula. Habíamos hecho coincidir fechas en los regresos de nuestros hijos, paula desde Inglterra y Antonio y Andrés desde Barcelona. todo preparado y proyectado con bastante antelación. Mario pasó el fin de semana en el pueblo y volvió a Madrid para trabajar julio y poder descansar en agosto como lo hacíamos siempre. Yo como docente siempre disfruté de dos meses de vacaciones, que coincidía con las vacaciones de mis hijos.