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domingo, 7 de junio de 2020

ASTRID



















domingo, 17 de mayo de 2020

VIAJE CON EMILIA A NORUEGA

Llegó la abuela Emilia a Lund en el verano de 1981, y como todos los años traía alegría, mucha felicidad, una maleta cargada de pequeños tesoros para los niños, y buenos proyectos para compartir en escandinavia. Su maleta olía a Argentina como decían nuestros hijos. Paquetes de yerba mate, bombillas, cajetillas de particulares, los cigarrillos que siempre fumamos cuando vivíamos en argentina, periódicos de nuestra tierra, libros infantiles de los clásicos como laura devetach, maría elena walsh, casetes con música folclórica, golosinas como alfajores de dulce de leche, colaciones, y las típicas "titas y rodesias" de chocolate que apreciaban tanto mis hijos. 

La casa exhalaba aromas muy vinculados a la afectividad que desprendían,  nos abrazábamos y reíamos con las mil historias que tanto Paula y Antonio reservaban durante un año para contarle a la abuela. Caminatas por el barrio, las compras en el supermercado que tanto gustaban  y sorprendían a emilia, que probaba todos los nuevos sabores  de esta tierra tan lejana para los que viven en el cono sur y tan austral de Argentina. Pasaron unos días y comenzamos a preparar nuestro viaje por los fiordos noruegos. Cargamos nuestro coche, el famoso peugeot 504 gasolero, y testigo fiel de tantos viajes  compartidos en esa época donde la reunificación familiar con algún miembro de la familia lejana, tenía un valor incalculable. La abuela emilia fue un testigo constante, lúcido, sólido,  inteligente e incondicional de nuestras vidas en Argentina y en Europa. 

La mejor compañera de viajes, siento mucho orgullo al decirlo porque sentimos su amor, siempre. Cargamos nuestro coche y echamos a rodar por las carreteras  que nos enamoraron  desde su arranque en lund hacia los fiordos noruegos, paisajes naturales de sobrecogedora belleza, montañas, glaciares, fiordos profundos, cascadas de aguas cristalinas y heladas, aguas de deshielos, con truchas, salmones y un mundo marino fastuoso. La abuela emilia traía las rutas de viaje muy estudiadas, en ellas se incluían las ciudades, con su historia, sus particularidades, los museos, los suvenirs, que se encargó de comprar en cada rincón especial,  y que llevaba consigo en su viaje de retonno. Quería que acampáramos en las famosas cabañas que guardan los bosques escandinavos junto a sus lagos o bordeando los fiordos. La idea era llegar a Bergen.

Al salir de Lund, nuestro objetivo primero y prometido a Paula y a Antonio era llevarlos al parque de atracciones de Gotemburgo,  el famoso liseberg, es importante frente a viajes largos, con niños, priorizar algunas atracciones que a ellos puedan significarles expectativas nuevas y diversión asegurada, sus amigos y compañeros de clase, venían a este parque, tanto en verano como para las vacaciones de navidad, con los abuelos y sus familias, razón por lo cual nuestros hijos que conocían algunos relatos y algunos juegos, querían probarlos y experimentar el vértigo que producen algunos, uno de ellos, el gran barco vikingo que tiene un movimiento oscilante, simulado las olas en altamar y que pude comprobarlo porque los acompañé en la aventura. Probaron juegos, comieron las famosas manzanas acarameladas, las  nubes de algodón de azúcar , los helados, y compraron los pequeños caprichos como llaveros con barcos vikingos, muñecas vestidas con traje regional, que coleccionaba paula o los famosos renos y osos típicos de la región. Salimos muy contentos del parque y nos fuimos a nuestro albergue, ya concertado con antelación, próximo al gran parque de las focas, el slotts skogen, en uno de los extremos del centro histórico de la ciudad. 

El siguiente día, disfrutamos de espacios verdes que Gotemburgo ofrece, el trädgardsfóreningen, situado en el brumsparken, en las cercanías del jardín botánico de la ciudad, caminamos admirando las flores y una paz que ya empezamos a experimentar desde aquí. Este lugar tuvo con el paso de los años una significación muy especial porque paseamos a nuestro nieto entre sus árboles, en verano y en inviernos nevados. En esta querida ciudad nació nuestro nieto  christian en el año 2003, veintidós años después. Comimos en un restaurante que había dentro del parque y planificamos con los mapas sobre la mesa la ruta que emprenderíamos hacia Oslo, el día siguiente.



sábado, 25 de abril de 2020

1977


Viví seis años en Lund, Suecia. Antonio llegó con dos años y Paula con cinco, nos dieron guardería para los niños a poco de llegar, tenían una traductora, Brita que hablaba muy bien el español. Muy alta, muy rubia y con un trato con los niños delicadísimo. Con esto quiero decir que en el momento que llegamos, septiembre de 1977 Suecia tenía una política de asilo, sobre todo para los que llegamos de latinoamérica. Uruguayos, Chilenos, Brasileros y Agentinos. Y en ese orden de llegada, muy estudiada. La comuna nos dotaba de un apartamento de dos o tres habitaciones, dependiendo del número de hijos, guardería y colegio para los niños dependiendo de sus edades, nos daba una paga semanal y nos apuntaba a los cursos intensivos para aprender lo más rápido posible el idioma. Dicho esto muestro el grado de racionalización que tenían para instalar a las familias que llegaban con serias secuelas físicas pero sobre todo psicológicas después de haber vivido situaciones muy dramáticas en sus países donde las dictaduras se instalaron con violencia, algunos dejaron la cárcel, las secuelas por las torturas, y fueron despojados de trabajos, bienes y hasta quisieron quitarles su dignidad sólo por defender los derechos sociales y políticos en sociedades con muchas desigualdades entre los habitantes. Una profesora de sueco que me ayudó con todas mis traducciones, papeles de los niños y míos, certificados de estudio y algunas presentaciones para obtener cursos o trabajos, llamada Karin y a quien agradezco su sabiduría y su bondad, me regaló su bicicleta de paseo, una joya, marrón, antigua y fuerte, creo que también era "decimonónica" por su solera. La doté de una silla posterior para llevar a Paula y una silla sobre el manubrio para llevar a Antonio. Así me moví por la ciudad cada día llevando y buscando a los niños, siempre tuvieron guardería y colegio en el centro y muy cerca de la Domkyrca, iglesia templo luterano de culto del siglo XII, la obra más significativa de la arquitectura románica en todos los países escandinavos. Muy cerca estaba la biblioteca y más allá la guardería de los niños y poco después sus colegios y fritidhem, espacio destinado a completar el horario laboral de los padres, realizando con los niños actividades vinculadas a la música, a la lectura o la cocina.