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jueves, 10 de septiembre de 2020
sábado, 16 de mayo de 2020
MI SUEGRO
Volvíamos felices de nuestras vacaciones por tierras italianas. Nos habíamos sentido muy cómodos entre las familias que veraneaban en este camping tan antiguo y muy arbolado de grado. Llegamos a casa, bajamos nuestros petates y sonó el teléfono, atendió Mario y se hizo un gran silencio, mario puso una cara de hondo dolor y comprendimos que había sucedido algo muy triste en nuestra ausencia. Mientras Mario entre sollozos, escuchaba el relato que le hacía su hermana mayor a través del teléfono y desde Argentina, nosotros, mis hijos y yo vimos casi por primera vez, llorar desconsoladamente a Mario. Cuando colgó el teléfono supimos que en nuestra ausencia había muerto su padre, el querido abuelo antonio para mis hijos y un suegro entrañable para mi. En aquélla época, no existían los móviles y nos comunicábamos por teléfono en conversaciones a larga distancia, no con la frecuencia que hubiésemos necesitado al vivir tan lejos de toda la familia, viviendo muchas situaciones de gran extrañamiento. Su padre había muerto hacían ya dos semanas, le habían enterrado y nosotros sin saberlo. Esos son momentos donde no encuentras las palabras ni el consuelo ni las fuerzas para salir adelante. Nos abrazamos fuerte los cuatro y Mario salió a la calle, quería caminar, solo, para poder llorar a gritos si fuera necesario. El día fue largo y triste, había silencio, muchas ternuras guardadas para ese padre, ese abuelo y ese suegro que nos había brindado tantos momentos felices. A quien hubiésemos podido abrazar cada día y decirle lo mucho que lo necesitábamos. Hoy lo recordamos en muchos momentos del día a día, cuando llegaba a la casa de la calle bolívar en los años 1975, cuando aún vivíamos felices en Argentina, los sábados por la mañana y comíamos juntos con Emilia, la abuela y en familia, los churros que comprábamos en la feria. Querido suegro Antonio, hoy te recuerdo con mucho amor, mucha ternura y todo el respeto y admiración que te teníamos los que te conocimos.
viernes, 15 de mayo de 2020
PANINI PICCOLO
A medianoche, cuando la lluvia cesó y el cielo volvió a recomponerse Mario e Ingmar fueron a ver cómo había quedado nuestra tienda después de la tormenta. Encontraron al abrir el cierre que aquello era una piscina donde flotaban todos nuestros objetos importantes como cámaras de fotos, sacos de dormir, bolsos con ropas, juguetes de los niños, en fin, un verdadero contratiempo. Visto el panorama, decidieron cerrar el cierre y dejar para el día siguiente la tarea de evaluar los daños, secado y recomposición de lo estropeado y retornaron a la jaima donde ya dormían comodamente los niños y Birguita nos esperaba con una tortitas de canela y unas copas de grapa para endulzar el mal trago. Seguimos entre risas y nada nos estropeó este momento especial, retomamos las historias que contaba Ingmar cuando de pequeño acompañó varias veces a sus padres a egipto y donde también tuvieron que enfrentarse a tormentas, pero en aquéllas latitudes eran de arena del desierto.
Al día siguiente todos colaboramos en desplegar las ropas de cama, las bolsas de dormir y todo lo mojado sobre las piedras para que el sol que ya brillaba con fuerza las secara, torquel, el pequeño caminaba tambaleante, dando sus primeros pasos entre los enseres desparramados por el suelo. Paula y Antonio fueron a comprar los panninis picolos para el almuerzo y las familias vecinas vinieron a invitarlos a participar de sus mesas con esas fuentes generosas de buena pasta con bolognesas y queso parmesano. Pasamos los días disfrutando de la playa, de los partidos de paleta, del agua y de las cenas a la luz de la luna. No volvió a llover en todo el mes. Decidimos hacer nuestros viajes marcados en la programación. Primero fue Venecia. Empezamos por la región del Véneto, más de cien islas pequeñas en una laguna del mar adriático. A Paula y a Antonio les fascinó la idea de que las calles de Venecia fueran canales y que tuviéramos que desplazarnos en Góndolas. Recorrer la vía pública del gran canal en estos barcos tan singulares, los vaporettos, y admirar los palacios renacentistas y góticos que bordean sus pequeñas amarres, y pasar bajo esos puentes. Que unen estas islas que en otro tiempo fueron el centro del mundo, nexo de oriente y occidente, la ciudad de los canales, romántica y tradicional, con sus palacios, basílicas, un patrimonio de incalculable belleza.
Donde la mente se pierde entre violines contemplando a Tiziano, Tintoretto, Bellini y Canaletto. Soñando con los carnavales venecianos donde los arlequines se deslizan sobre suelos de mosaicos bizantinos y las palomas vuelan contemplando los campanarios de la iglesia de san marcos y los tejados rojos de una ciudad sacada de un cuento fantástico y que cuando la conoces crees haber tocado el cielo. Tengo fotos de mis hijos paula y antonio corriendo detrás de las palomas en la plaza de san marcos, que me han acompañado siempre, en mi mente los poemas visuales salen de ese imaginario recorriendo el mundo con mario y con mis hijos y ahora, con mi nieto. El palacio ducal gótico con sus obras de Veronés, Tintoreto, el teatro la fenice que mientras recuerdas; te suena en la cabeza la música de la traviata de verdi o las escenificaciones de tantas óperas que se han inspirado en rincones dramáticos y románticos como estos.
Nos levantamos temprano dispuestos a recorrer los 90 km para llegar hasta las cuevas de estalactitas y estalagmitas de Postoina, en la antigua Yugoslavia, hoy Eslovenia. Muy cerca de la ciudad de pPstoina, 20 km de túneles y galerías, cueva de la región del carso, con un tren en su interior que te lleva entre esas montañas de estalagmitas , donde hay una en especial de un color blanco brillante de cinco metros formada por gotas sucesivas durante millones de años. Hay ríos con animales con formas de pequeños dragones y enormes salas que son verdaderas catedrales góticas que inspiran respeto y recogmiento por la sublimación que produce la naturaleza en estado puro. Seguramente los espeleólogos que han transitado y estudiado en ellas deben conservar algún santuario muy privado y muy íntimo.
Nos dejaron chubasqueros al subir al tren porque hay momento que las caídas de agua , en forma de cascadas unas te mojan y te hacen sentir en las profundidades de la tierra en un tiempo de dinosaurios y de una naturaleza salvaje y sin explorar. Era la primera gruta que recorríamos y fue impactante, luego vinieron otras en viajes sucesivos como las cuevas del Drach en Mallorca, las Cuevas de Nerja en andalucía , que recorrí con mi nieto este último verano, y todas, me siguen produciendo aquélla emoción que sentí por primera vez en Postoina y que me hizo sentir que me había trasladado a las entrañas de la tierra en un tiempo que se pierde, que se desdibuja detrás de esa realidad- esta sensación también la experimentó mi nieto, tan aficionado a dibujar dragones y reptiles en fondos y escenarios propios de los espeleólogos. Recorrimos después el castillo de predjama a 9 km de la cueva y luego nos fuimos a comer nuestro almuerzo en un rincón maravilloso entre Trieste y Liubliana. Allí sacamos nuestros mapas para situar las ciudades y los recorridos posibles por el interés que nos despertaban ciudades como zagreb, Salzburgo, Viena y otros destinos que con el tiempo fuimos completando.
Al día siguiente todos colaboramos en desplegar las ropas de cama, las bolsas de dormir y todo lo mojado sobre las piedras para que el sol que ya brillaba con fuerza las secara, torquel, el pequeño caminaba tambaleante, dando sus primeros pasos entre los enseres desparramados por el suelo. Paula y Antonio fueron a comprar los panninis picolos para el almuerzo y las familias vecinas vinieron a invitarlos a participar de sus mesas con esas fuentes generosas de buena pasta con bolognesas y queso parmesano. Pasamos los días disfrutando de la playa, de los partidos de paleta, del agua y de las cenas a la luz de la luna. No volvió a llover en todo el mes. Decidimos hacer nuestros viajes marcados en la programación. Primero fue Venecia. Empezamos por la región del Véneto, más de cien islas pequeñas en una laguna del mar adriático. A Paula y a Antonio les fascinó la idea de que las calles de Venecia fueran canales y que tuviéramos que desplazarnos en Góndolas. Recorrer la vía pública del gran canal en estos barcos tan singulares, los vaporettos, y admirar los palacios renacentistas y góticos que bordean sus pequeñas amarres, y pasar bajo esos puentes. Que unen estas islas que en otro tiempo fueron el centro del mundo, nexo de oriente y occidente, la ciudad de los canales, romántica y tradicional, con sus palacios, basílicas, un patrimonio de incalculable belleza.
Donde la mente se pierde entre violines contemplando a Tiziano, Tintoretto, Bellini y Canaletto. Soñando con los carnavales venecianos donde los arlequines se deslizan sobre suelos de mosaicos bizantinos y las palomas vuelan contemplando los campanarios de la iglesia de san marcos y los tejados rojos de una ciudad sacada de un cuento fantástico y que cuando la conoces crees haber tocado el cielo. Tengo fotos de mis hijos paula y antonio corriendo detrás de las palomas en la plaza de san marcos, que me han acompañado siempre, en mi mente los poemas visuales salen de ese imaginario recorriendo el mundo con mario y con mis hijos y ahora, con mi nieto. El palacio ducal gótico con sus obras de Veronés, Tintoreto, el teatro la fenice que mientras recuerdas; te suena en la cabeza la música de la traviata de verdi o las escenificaciones de tantas óperas que se han inspirado en rincones dramáticos y románticos como estos.
Nos levantamos temprano dispuestos a recorrer los 90 km para llegar hasta las cuevas de estalactitas y estalagmitas de Postoina, en la antigua Yugoslavia, hoy Eslovenia. Muy cerca de la ciudad de pPstoina, 20 km de túneles y galerías, cueva de la región del carso, con un tren en su interior que te lleva entre esas montañas de estalagmitas , donde hay una en especial de un color blanco brillante de cinco metros formada por gotas sucesivas durante millones de años. Hay ríos con animales con formas de pequeños dragones y enormes salas que son verdaderas catedrales góticas que inspiran respeto y recogmiento por la sublimación que produce la naturaleza en estado puro. Seguramente los espeleólogos que han transitado y estudiado en ellas deben conservar algún santuario muy privado y muy íntimo.
Nos dejaron chubasqueros al subir al tren porque hay momento que las caídas de agua , en forma de cascadas unas te mojan y te hacen sentir en las profundidades de la tierra en un tiempo de dinosaurios y de una naturaleza salvaje y sin explorar. Era la primera gruta que recorríamos y fue impactante, luego vinieron otras en viajes sucesivos como las cuevas del Drach en Mallorca, las Cuevas de Nerja en andalucía , que recorrí con mi nieto este último verano, y todas, me siguen produciendo aquélla emoción que sentí por primera vez en Postoina y que me hizo sentir que me había trasladado a las entrañas de la tierra en un tiempo que se pierde, que se desdibuja detrás de esa realidad- esta sensación también la experimentó mi nieto, tan aficionado a dibujar dragones y reptiles en fondos y escenarios propios de los espeleólogos. Recorrimos después el castillo de predjama a 9 km de la cueva y luego nos fuimos a comer nuestro almuerzo en un rincón maravilloso entre Trieste y Liubliana. Allí sacamos nuestros mapas para situar las ciudades y los recorridos posibles por el interés que nos despertaban ciudades como zagreb, Salzburgo, Viena y otros destinos que con el tiempo fuimos completando.
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PEUGEOT 504
Terminamos nuestros cursos y trabajos en Lund en julio de 1980 y preparamos nuestro viejo Peugeot 504, el gasolero. Era nuestra caravana veraniega donde cabía todo, tienda sillas de camping, faroles, marmitas, flotadores, colchones inflables, que junto a nuestra entusiasta disposición para viajar, nos ponía en carretera en cuanto había un resquicio y un buen plan. Queríamos llegar hasta el norte de Italia, nuestro objetivo eran los campings del adriático, en la región del Friuli. Con las ganas de conocer la zona de donde mi abuela Raquel había partido a comienzos del siglo XX para no regresar jamás, y la ilusión de escuchar la lengua de mi abuela, tan cercana y tan dulce, preparé a mis hijos sobre lo que allí encontraríamos. Recuerdo que me sentía emocionada y muy bien predispuesta El asiento de atrás del coche se transformaba en cama, en tablero para todo tipo de juegos de mesa y un mini bar para los pequeños lunch de entretenimiento en carretera.
Cruzamos las autopistas alemanas, fantásticas, con una señalización pensada y eficaz que nos hicieron el viaje confortable. Entramos a italia por Innsbruk y la región de Trieste nos dio la bienvenida. Aterrizamos en un camping de Grado, Bionne del Mare, no era el que teníamos en nuestro itinerario marcado por algún amigo, conocedor de la zona, pero cuando viajas con niños, son ellos los que marcan los tiempos. Desplegamos nuestro campamento como si fuéramos a instalarnos aquí para el resto del verano. Dormimos profundamente por el cansancio que producen los largos recorridos en coche y al despertarnos, vimos que el camping no era como lo deseábamos, poca sombra y una invasión de mosquito con camión de fumigación incluído, esto desvaneció por un momento nuestro entusiasmo y como no estábamos dispuestos a que nada empañara unas vacaciones emotivas en la tierra de mi abuela, decidimos recoger el campamento y buscar mejores sombras y sin insectos.
Así fue como llegamos a nuestro pequeño y antiguo paraíso, un camping lleno de Pinares, con solera, esa que marca el tiempo y la antigüedad en la frondosidad de los árboles, las familias tradicionales italianas con sus mesas llenas de nietos y los spaguettis humeantes sobre las mesas. Grupos de jóvenes tocando la guitarra bajo los árboles, unas instalaciones de maderas antiguas y genuinas, el bosco, se llamaba aquél lugar tan singular donde volvimos a instalarnos y ya para quedarnos todo el mes. A poco de llegar y mientras clavábamos las estacas de la tienda, se acercó una pareja con un niño de un año y medio, dando sus primeros pasos, eran suecos y además, la coincidencia quiso que aquélla pareja vivieran justo en frente de nuestro departamento en el barrio de Lund donde vivíamos. Se habían acercado al ver nuestra matrícula sueca de nuestro peugeot. Fue así como nos hicimos buenos amigos además de vecinos.
Nos invitaron a cenar en su tienda esa noche y aceptamos encantados, nosotros llevaríamos pimientos asados y las ensaladas y ellos pondrían el resto de la barbacoa. Cuando conocimos aquella maravillosa tienda beduina, que habían heredado del padre de uno de ellos que a su vez, la traía desde que trabajaba como antropólogo en egipto. Era una tienda con varios compartimentos, con una lona marrón gruesa e impermeable, un lujo de jaima que nos cobijó esa noche como en los cuentos de las mil y una noches, una tormenta con rayos, truenos, y agua a raudales que caía sin clemencia, fueron el telón de fondo de esta velada, una cena con sabores exquisitos, un vino del Friuli que aportaron los amigos y una grapa también de esta zona que habíamos comprado en el supermercado del camping. Todo transcurrió entre risas e historias que contaban nuestros hijos, encantados al haber encontrado vecinos suecos en este lugar tan especial.
Cruzamos las autopistas alemanas, fantásticas, con una señalización pensada y eficaz que nos hicieron el viaje confortable. Entramos a italia por Innsbruk y la región de Trieste nos dio la bienvenida. Aterrizamos en un camping de Grado, Bionne del Mare, no era el que teníamos en nuestro itinerario marcado por algún amigo, conocedor de la zona, pero cuando viajas con niños, son ellos los que marcan los tiempos. Desplegamos nuestro campamento como si fuéramos a instalarnos aquí para el resto del verano. Dormimos profundamente por el cansancio que producen los largos recorridos en coche y al despertarnos, vimos que el camping no era como lo deseábamos, poca sombra y una invasión de mosquito con camión de fumigación incluído, esto desvaneció por un momento nuestro entusiasmo y como no estábamos dispuestos a que nada empañara unas vacaciones emotivas en la tierra de mi abuela, decidimos recoger el campamento y buscar mejores sombras y sin insectos.
Así fue como llegamos a nuestro pequeño y antiguo paraíso, un camping lleno de Pinares, con solera, esa que marca el tiempo y la antigüedad en la frondosidad de los árboles, las familias tradicionales italianas con sus mesas llenas de nietos y los spaguettis humeantes sobre las mesas. Grupos de jóvenes tocando la guitarra bajo los árboles, unas instalaciones de maderas antiguas y genuinas, el bosco, se llamaba aquél lugar tan singular donde volvimos a instalarnos y ya para quedarnos todo el mes. A poco de llegar y mientras clavábamos las estacas de la tienda, se acercó una pareja con un niño de un año y medio, dando sus primeros pasos, eran suecos y además, la coincidencia quiso que aquélla pareja vivieran justo en frente de nuestro departamento en el barrio de Lund donde vivíamos. Se habían acercado al ver nuestra matrícula sueca de nuestro peugeot. Fue así como nos hicimos buenos amigos además de vecinos.
Nos invitaron a cenar en su tienda esa noche y aceptamos encantados, nosotros llevaríamos pimientos asados y las ensaladas y ellos pondrían el resto de la barbacoa. Cuando conocimos aquella maravillosa tienda beduina, que habían heredado del padre de uno de ellos que a su vez, la traía desde que trabajaba como antropólogo en egipto. Era una tienda con varios compartimentos, con una lona marrón gruesa e impermeable, un lujo de jaima que nos cobijó esa noche como en los cuentos de las mil y una noches, una tormenta con rayos, truenos, y agua a raudales que caía sin clemencia, fueron el telón de fondo de esta velada, una cena con sabores exquisitos, un vino del Friuli que aportaron los amigos y una grapa también de esta zona que habíamos comprado en el supermercado del camping. Todo transcurrió entre risas e historias que contaban nuestros hijos, encantados al haber encontrado vecinos suecos en este lugar tan especial.
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