Esta ruta nos cuenta un pasado lleno de jardines y alcobas, de veranos bajando al río con las canastas de pan recién horneado y quesos de la región, con manzanas grandes y rojas, empanadas de bonito y sidra de algún lagar. Entre soles y sombras permanece la melancolía de aquellos días y el romanticismo de una forma de vivir ligada al paisaje, a los sabores y a la memoria de quienes recorrieron estos mismos lugares.
