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martes, 21 de abril de 2026

Daprá

El apellido Daprá, perteneciente a mi querida abuela Raquel, madre de mi madre, que ostentaba el mismo nombre, tiene una significación especial en la región de Italia del valle del río Po (Val Padana), donde su origen está estrechamente vinculado a la geografía local. Etimológicamente, el nombre es de origen topográfico y deriva de la expresión italiana da prà, que significa “del prado” o “del campo”. En los dialectos del norte de Italia, prà es una variante de “prato” (prado), vínculo con la tierra. Este apelativo se asignaba a las familias que trabajaban en las extensas llanuras y zonas de pastoreo características del valle del Po. Este valle del Po, donde comenzaban y finalizaban los innumerables relatos que mi abuela nos contaba —sobre todo a mí, que me embelesaba sentarme alrededor de aquella mesa redonda de chapa o metal, en medio de algarrobos centenarios, mientras corría un avestruz al otro lado de la cerca o nos rodeaban las gallinas que se empavonaban junto a sus numerosos pollitos nacidos esos días—. Esa familia que vivió en esas provincias claves que atraviesa el río Po, como Brescia, Pavía y Padua, extensos territorios fértiles donde ese río marcó en mi abuela el paisaje de su infancia, junto a un lenguaje aprendido de niña y que hubiera querido transmitir mejor a sus nietos, con sus canciones frágiles y dulces, que al cantarlas le imponían una melancolía que empañaba sus ojos con lágrimas emocionadas y cargadas de recuerdos. Nos decía que esas zonas agrícolas, tan importantes para ella, eran las más ricas y fértiles de Italia. El linaje Daprá ha estado vinculado a la explotación de cultivos de arroz, trigo y maíz, así como a la gestión de tierras aluviales. Entre las referencias familiares contemporáneas existe un Valerio Daprá, con vínculos en Pavía y Padua. Un 8 de enero de 1890 nace un Emanuel Daprá, en Iltzie Codore (valle del Po), al norte, hijo de Jovane y Dora, quien emigró posteriormente y murió en Texas. Mi querida abuela nace el 8 de febrero de… Me dio los mejores momentos de mi vida: su ternura, su apoyo, su comprensión y el recuerdo de unos brazos sin fin para el abrazo; los abrazos más mullidos y más esperados por mí cuando llegaba el verano y mi madre la hacía traer desde el campo, por mis tíos, y pasábamos con ella todo el verano.