El romanticismo llevado al extremo, donde la naturaleza no solo enmarca, sino que compite y comparte protagonismo con la escena principal. En sus obras, la figura humana es tratada con una delicadeza extrema: vestuarios minuciosos, pliegues que caen con precisión, brocados y lienzos finos que parecen palpitar con la luz. Cada detalle está cuidado con esmero, elevando lo ornamental a un nivel casi simbólico, donde lo natural y lo humano se funden en una misma armonía visual.
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